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Era el año 1860 cuando Juan de Dios Aguado y Alarcón, un vecino de la localidad de Corral Rubio (Albacete), remitió un informe a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que, a su vez, lo trasladó a la Real Academia de la Historia, dando cuenta de descubrimientos arqueológicos en el Cerro de los Santos, en el término de Montealegre del Castillo junto al camino hacia Yecla (Murcia). Daba así comienzo a uno de los descubrimientos más importantes para la arqueología española del siglo XIX, pues a partir de entonces comenzaba a desvelarse el arte de unos pueblos, los iberos, conocidos por los relatos de los escritores de época clásica, pero desconocidos en sus manifestaciones artísticas y culturales. 

 

Gran dama oferente del Cerro de los Santos.
Gran Dama Oferente del Cerro de los Santos. Albacete.

 

En aquella eminencia montealegrina un incendio de 1830 había puesto punto y final a un bosque, como consecuencia de la deforestación y de fenómenos como las lluvias, habían comenzado a aparecer esculturas, monedas, cerámicas… un interés unido a una cierta codicia por la posesión de objetos, pero también a la falta de una legislación firme que protegiera las antigüedades, fue causa para que coleccionistas de lugares cercanos trataran de apropiarse de esculturas y otras piezas. De entre todos destaca la nefasta labor de Juan Amat, un relojero francés afincado en Yecla, que excavó y falsificó un buen número de esculturas. 

 

Detalle de cabeza con peinado trenzado y cuerpo cubierto con túnicas de pliegues simétricos.
Detalle de cabeza con peinado trenzado y cuerpo cubierto con túnicas de pliegues simétricos. 

 

La intervención del conde de Montealegre, dueño de la finca, paró en seco su dañina actividad. El lugar fue excavado en 1870 por su administrador y por los padres escolapios de Yecla a quienes se deben las primeras reflexiones sobre el yacimiento. Un año después, en 1871, daban a conocer sus actividades a través de un libro del que ahora se cumplen 150 años, las Memoria sobre las notables excavaciones hechas en el Cerro de los Santos, publicada por los PP. Escolapios de Yecla (Madrid, Imprenta de J. Limia y G. Urosa, 1871). Después llegaron las excavaciones del Museo Arqueológico Nacional, las del incipiente Museo de Albacete en 1878 (el Museo dependía de la Comisión Provincial de Monumentos), la presencia de investigadores franceses adquiriendo piezas para el Museo del Louvre… Y con todo, la cultura de los íberos, aquellos que encontraron los romanos en suelo hispano, comenzaba a desvelarse para la comunidad científica y para la sociedad en general. Su conocimiento tuvo como importantes aportaciones a finales del siglo XIX los hallazgos de la Bicha de Balazote y de la Dama de Elche.

El Cerro de los Santos 

Cuando los Padres escolapios excavaron en el Cerro de los Santos apreciaron la planta rectangular de un edificio del que quedaba el basamento formado por grandes sillares de piedra. Era, sin duda, la evidencia de un templo con el que se vinculaban las esculturas halladas. La planta fue levantada por un comisionado del Museo Arqueológico Nacional en 1875, Paulino Savirón. El templo a principios del siglo XX era todavía visible, después sus sillares fueron expoliados y, en su lugar, en 1929 el entonces dueño del Cerro, Julián Zuazo, levantó un obelisco conmemorativo.  

 

. Obelisco_cerro_santos.Rubí Sanz Gamo.
.Obelisco del Cerro de los Santos

 

El Cerro de los Santos fue un lugar de ubicación privilegiada: en una de las más importantes vías peninsulares entre los siglos V a.C. y I d.C. que comunicaba las costas de levante con las ricas tierras de Andalucía. Además, al pie del cerro corría un arroyo con aguas salutíferas cuya ingesta tenía resultados curativos. Así pues ahí, entre el bosque que entonces poblaba esos parajes, fue levantado un santuario de peregrinación al que acudían fieles devotos en busca de la sanación de sus males. A cambio del bien recibido realizaban una ofrenda a la divinidad, un exvoto, que consistía en una escultura, un objeto de adorno, o una cerámica, dependiendo de la capacidad económica del fiel. Hasta hace pocos años esas mismas aguas eran tomadas en los Baños de San José en la laguna de El Saladar (Corral Rubio). 

Recientes excavaciones han descubierto las zanjas de cimentación de aquel templo de sillares, ya de época romana en sustitución de otro anterior ibérico, tal vez construido con piedras, adobes y techos de ramas manteadas. Es sabido que la religión romana era sincrética, que unía a sus dioses los de los pueblos conquistados. En este caso el santuario, con el templo y sus estancias anejas, estaba dedicado a una diosa de la naturaleza, protectora de los animales, a la que los romanos llamaron Pales (y le dedicaron un templo en el monte Palatino), así, por esa asimilación, en un itinerario romano hacia el cambio de era, recogido en los Vasos de Vicarello, el lugar del Cerro de los Santos aparece nombrado por cuatro veces (una en cada vaso) con el nombre de Palem. 

 

Fotografías de la Gran Dama Oferente en diferentes momentos del siglo XIX.
Fotografías de la Gran Dama Oferente en diferentes momentos del siglo XIX. 

 

Una escultura especial: La Gran Dama Oferente 

En el almacén de los padres escolapios se acumularon estatuas y otros objetos. Una fotografía de la época (hacia 1970-1971) muestra cómo entre todos destacaba una escultura femenina, de una mujer ricamente ataviada, de pie, que entre sus manos porta un vaso que ofrece a la divinidad. Es la Gran Dama oferente, de 135 cm. de altura, una de las mejor conservadas del santuario y también de un tamaño destacado sobre la gran mayoría. Es cierto que muchas esculturas han llegado en un desigual estado de conservación, con mucha frecuencia son cabezas o torsos de mujeres y de hombres, también fragmentos que corresponden a partes de los cuerpos (manos, pies, etc.) o de las vestiduras. 

La Gran Dama Oferente fue hallada en 1870 y poco después adquirida por el coleccionista José Ignacio Miró quien la vendió al Museo Arqueológico Nacional, donde ingresó en 1873. Está tallada en el frente y los laterales, mientras que el dorso solo está pulido, pues originariamente estuvo colocada ante un muro o pared. Representa a una esbelta y bella mujer de cuerpo entero dispuesta sobre un pedestal también de piedra. Viste hasta tres túnicas y cubre su cuerpo y cabeza con un manto que cae formando pliegues simétricos, cuyos extremos rematan en dos borlones que caen sobre la túnica superior. El pelo, largo y trenzado, está ornado con una diadema y con rodetes, en el cuello una cinta con un pasador en forma de T, sobre el pecho hasta cuatro collares, de uno penden pequeños anforiscos, y en las manos los largos dedos portan anillos y el vaso que delata su condición de oferente, de una persona que ofrece las aguas con propiedades terapéuticas. Calza zapatos de punta roma. Originalmente estuvo pintada.

 

Detalles de cabeza trenzada. Dama del Cerro de los Santos
Detalles de cabeza trenzada. Dama del Cerro de los Santos

 

Manos sujetando vaso oferente.
Manos sujetando vaso oferente.Dama del Cerro de los Santos

 

Su notoriedad motivó que fuera reproducida y exhibida en muy diversas ocasiones: para el Museo de reproducciones Artísticas, para los Escolapios de Yecla, para las exposiciones universales de Viena de 1873 y de París de 1878, etc. Los ecos de la Gran Dama Oferente son patentes en las evocaciones que ha tenido desde su descubrimiento, incluso Picasso creó su “Dama Oferente”, fue objeto de atención de escultores como Garrigós, Planes, o Agustín Casillas que modeló en 1989 la Salmantina Oferente.

 

Frontal y dorso del original de la Gran Dama Oferente y reproducciones.
Frontal y dorso del original de la Gran Dama Oferente y reproducciones.

 

Los íberos entran en escena 

Los descubrimientos habidos en el Cerro de los Santos no estuvieron exentos de interpretaciones, para unos, como los Escolapios de Yecla encabezados por el padre Lasalde, eran una muestra de uno de los pueblos íberos, los bastetanos. Hubo quien las relacionó con la monarquía visigoda; otros con obras egipcias; y finalmente con los íberos, en lo que también influyeron nuevos descubrimientos: en Los Collados de Almedinilla (Córdoba) en 1868, en Cabrera de Mataró (Barcelona) en 1881 y también la Bicha de Balazote, en El Salobral (Albacete), en Osuna (Sevilla)… y, sobre todo el hallazgo en 1897 de la Dama de Elche. 

 

Fotografías de la Dama Oferente en distintas exposiciones de Arte Íbero
Fotografías de la Dama Oferente en distintas exposiciones de Arte Íbero

 

Pero mientras esos nuevos descubrimientos tenían lugar, grandes acontecimientos eran celebrados en Europa: la Exposición Universal de Viena de 1873, la Exposición Universal de París de 1878, la Exposición Histórico-Natural y Etnográfica de Madrid de 1893, y ya al inicio del siglo XX la Mostra Internazionale di Archeologia de Roma de 1911. En todas, como presentación de la vieja-nueva cultura de los íberos, que entonces se presentaba ante el mundo entero, fueron protagonistas indiscutibles las esculturas del Cerro de los Santos. 

Autora: Rubí- E Sanz Gamo. Directora del Museo de Albacete 

Para saber más 

Brotons Yagüe, F., y Ramallo Asensio, S., (2017), “Continuidad y cambio en los santuarios ibéricos del Sureste de iberia: los templos in antis del Cerro de los Santos y La Encarnación”, El tiempo final de los santuarios ibéricos en los procesos de impacto y consolidación del mundo romano, T. Tortosa y S. Ramallo (ed.), Anejos de AespA LXXIX, pp.93-116. 

Brotons Yagüe, F., Ramallo Asensio, S. F., y Sanz Gamo, R. (2016), “Proyecto de recuperación patrimonial del Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo, Albacete)”, Actas de la I Reunión Científica de Arqueología de Albacete, Blanca Gamo Parras, Rubí Sanz Gamo (coordinadoras), Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses, pp.555-568. 

Chapa Brunet, T. (1984), “El Cerro de los Santos (Albacete), excavaciones desde 1977 a 1981”, Al-Basit nº 15, pp.109-126.

Chapa Brunet, T., y Martínez Navarrete, Mª I., (1990), “Valoración general de las excavaciones desarrolladas en el Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo, Albacete)”, Homenaje a Jerónimo Molina, pp.103-111.

Fernández Avilés, A., (1966), Cerro de los Santos. Montealegre del Castillo (Albacete). (Primera campaña 1962), EAE 55. Madrid.

Millán, F., (2016), El Cerro de los Santos. Historia, Política, Repercusión y Recuperación Patrimonial del Primer Yacimiento de la Cultura Ibérica, tesis doctoral, Universidad de Murcia, digitum.um.es › xmlui › handle [consulta 16/07/2020].

Noguera Celdrán, J. M., (1994), La escultura romana de la provincia de Albacete (Hispania citerior-Conventus Cartaginensis), Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses. 

Paris, P., (1903) y (1904), Essai sur l`art et l`industrie de l`Espagne primitive. Paris.

Rada y Delgado, J. D., (1875), Antigüedades del Cerro de los Santos en el término de Montealegre, Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la recepción pública de D. Juan de Dios de la Rada y Delgado, Madrid.

Ruiz Bremón, M., (1989, Los exvotos del santuario ibérico del Cerro de los Santos. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses. 

Sánchez Gómez, M. L. (2002), El Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo, Albacete). Nuevas aportaciones arqueológicas, Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses.

GALERÍA DE IMÁGENES

Comentarios: 2

Miguel López el 21-01-2022

Una síntesis estupenda, gracias.

Rafael vizcaín… el 21-01-2022

La gran dama llevaba vino ben su vaso

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