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Navalcán (Toledo) es un pueblo con una gran tradición histórica, como lo es también la comarca toledana donde se asienta —la Campana de Oropesa y las Cinco Villas—. La cultura rural engloba y concreta la comarca poniendo de relieve un amplio acervo de patrones sociales, artesanales y patrimoniales que modulan y articulan este territorio común en una extensa red de parentescos culturales.

Así, las prácticas culturales que construyen la memoria navalqueña y, al mismo tiempo, su pasado local e individual, valorizan su herencia material e inmaterial. Un patrimonio que ha ido necesariamente evolucionando y transformándose, siguiendo las pautas de los nuevos modelos impuestos por el devenir histórico. Navalcán custodia, pero también promueve y alimenta, unos patrones culturales autóctonos y singulares, reforzando la importancia de lo “local”, o lo que es lo mismo, de su “bitácora” particular. 

Nos estamos refiriendo a su arte con la aguja y la confección de su indumentaria tradicional; es decir, el Bordado de Tejidillo o Acolchado y su magnífico Traje de vistas, con sendos valores artísticos e históricos dignos de protegerse ya que son un patrimonio frágil y sensible vinculado estrechamente a esta localidad y a la idiosincrasia de sus gentes y a la identidad del pueblo, que durante siglos han transmitido de generación en generación este rico legado.    

 

Paño de ofrendas o  de entrevelas. Bordado de tejidillo o acolchado de Navalcán. s. XVI-XVII. Fotografía María José González Rubio
Paño de ofrendas o  de entrevelas. Bordado de tejidillo o acolchado de Navalcán. s. XVI-XVII. Fotografía María José González Rubio

 

El bordado navalqueño forma escuela propia dentro de las cuatro escuelas de bordado toledano dentro de la Escuela Castellana del bordado. Estas cuatro corrientes artísticas-estilísticas están bien definidas y localizadas en Talavera de la Reina, Oropesa, Lagartera y Navalcán. Actualmente el bordado de Talavera ha desparecido prácticamente en esta ciudad, habiéndose asimilado, en el resto de las escuelas toledanas. En cambio, ha seguido activo el bordado morisco de Caleruela, conocido como “punto moruno”, con lo que se puede seguir manteniendo la clásica denominación de las Cuatro Escuelas del Bordado Toledano.  

El tejidillo o acolchado de Navalcán es un bordado característico de esta localidad,  presenta una técnica de entretejido llamado popularmente “colchado” o “tejidillo”. La primera denominación responde al uso del mismo para la decoración de colchas (en realidad eran delanteras de cama de vistas propias de esta localidad) y la segunda hace referencia al tipo de técnica. 

Lo singular de esta técnica  de entretejido o zurcido, consiste en pasar la hebra de arriba abajo saltando un hilo (nones), haciendo hilvanes más o menos largos según el modelo a seguir. Se ejecuta por el revés siendo un bordado a dos caras. Los motivos van distribuidos en franjas semejando a los tejidos de telar y probablemente, era lo que se  pretendía: imitar los tejidos realizados en telar, siendo el resultado de su ejecución y textura, una muestra de su maestría. La ausencia de esquinas nos indica la antigüedad, puesto que para ejecutarlas es preciso utilizar espejos para ajustar perfectamente el dibujo.

La investigadora y experta en bordados Mª Ángeles González Mena en su Catalogo de Bordados atestigua refiriéndose al tejidillo o acolchado navalqueño, que: Este bordado es único dentro de la comarca toledana y ninguna influencia ha podido tener de su hermanas [escuelas vecinas]…Podríamos  afirmar que el origen de su tradición está en Navalcán y de aquí pasó a estas provincias, [Segovia, Ávila y Zamora] siendo un bordado de verdadera estirpe castellana. En ninguna región española se hace un bordado de tal calidad artística como el navalqueño. Se sigue ejecutando en la actualidad con igual nobleza…”. (González Mena 1974: 135-136)

 

Bordado a Tejidillo o acolchado navalqueño. Ejecutado el revés, con la técnica original  de entretejido o zurcido. Fotografía Julio Sánchez Castro. 
Bordado a Tejidillo o acolchado navalqueño. Ejecutado el revés, con la técnica original  de entretejido o zurcido. Fotografía Julio Sánchez Castro. 

 

En cuanto a su origen algunos investigadores han coincido en relacionar esta técnica de entretejido con raíces orientales, y su semejanza con diseños geométricos empleados en los tejidos coptos, que provendrían de Siria. Si bien los tejidos coptos en su mayoría son producciones de telar y que el bordado aparece en la tradición copta a partir de la conquista musulmana (Rodríguez Peinado 1993: 153-178), (Sánchez Sánchez 2014: 109-110). La técnica que sigue el Tejidillo o acolchado navalqueño tiene raíces antiquísimas, conectando elementos romanos, bizantinos, godos y de oriente medio, teniendo en cuenta las dos vías de difusión de bordado en España: la vía continental o europea y la vía norteafricana o mediterránea. En relación a esta última vía, encontramos bordados medievales de origen egipcio –periodo Ayubí (s.XII-XIII) y el sultanato Mameluco (s.XII-XVI) realizados con idéntica técnica a la que utiliza el Tejidillo o acolchado, es decir el entretejido, incluso utilizado con la misma finalidad: decoración de cuellos y puños, así como paños y cubiertas. 

Este tipo de bordado se repetirá durante toda la época medieval islámica en Egipto, y tendrán una clara repercusión en los bordados de toda la cuenca del mediterráneo y en bordados europeos del siglo XVI (Ellis 2001:.26) época en que se comienzan a documentar los bordados populares españoles y por consiguiente el bordado navalqueño.    

El tejidillo o acolchado de Navalcán ha sido identificado frecuentemente por varios autores con el punto de almorafan o almoxafan citado por historiadores e inventarios medievales de los siglos XII al XVI.  Este punto según descripciones dedicadas a prendas inventariadas, en los enterramientos del Monasterio de las Huelgas  (Gómez Moreno 1957:398-430) hace alusión generalmente a prendas de uso interior, como son los camisones o camisas de hombre y mujer decorando las pecheras, escotes y mangas, al igual que se viene utilizando el tejidillo navalqueño desde la antigüedad. De esta forma, también se conoce este bordado como Tejidillo Real, apareciendo asimismo, en las ilustraciones del Códice Rico de la Cantigas de Santa María donde se muestran ornamentaciones bordadas con el punto de almorafán.   

 

Dechado bordado a tejidillo o acolchado de Navalcán. Motivos orientalistas y simbólicos con nombre de la propietaria. s. XIX. Fotografía David Blázquez   
Dechado bordado a tejidillo o acolchado de Navalcán. Motivos orientalistas y simbólicos con nombre de la propietaria. s. XIX. Fotografía David Blázquez   


El Tejidillo –Tejidillo Real- o acolchado de Navalcán, tiene como variantes, el “tejidillo villano, el “pespunte en movimiento” y el “punto de perlas”. El tejidillo villano utiliza la misma técnica que el tejidillo real quedando las puntadas más separadas guardando un ritmo igual entre uno y otro. El tejidillo real se hace siguiendo la dirección de la urdimbre, en cambio el villano se hace siguiendo la dirección de las tramas. El “pespunte en movimiento” sigue  diseños similares al tejidillo real resultando una labor más ligera al  realizarse por medio de ondulaciones en forma de volutas y meandros.  El “punto de perlas”, realizado con la misma técnica que sigue el tejidillo villano por medio de bastas. En usa segunda fase es ir realizando nudos sucesivos sobre la base del diseño construido a base de bastas. Cuanto más próximas  se ha hecho las bastas, más cercanos quedaran los nudos, resultando una labor esmerada y una textura peculiar.

Además de la técnica de entretejido utilizada en el Tejidillo, la artista bordadora navalqueña, al igual que otras artesanas de la comarca, domina a la perfección infinidad de técnicas características de los bordados toledanos en general. Cabe destacar, entre las técnicas a la aguja: a “hilos contados”, deshilados, “deshilos viejos”, etc. En técnicas de bordados de aplicación: los “picaos”, técnica realizada a punta de tijera realizando calados sobre paño u otro tejido que posteriormente se aplica sobre otra base. Dentro de las labores de encaje, Navalcán sobresale en la técnica de bolillos del tipo torchón, genero de trenzado a bolillos que se ha venido realizando en esta localidad mucho antes de la comercialización de los bordados y que se ha caracterizado por utilizarse en la ornamentación de los guardapiés del Traje de Vistas y el cuello del Traje de Novia siendo una seña de identidad en la indumentaria tradicional navalqueña.  
 

Gorguera. Bordado a “punto de perlas” derivación de la técnica de tejidillo. Escuela de Navalcán,  segunda mitad s.: XVI. Instituto Valencia de Don Juan. Madrid. Fotografía José Luis Sánchez.  
Gorguera. Bordado a “punto de perlas” derivación de la técnica de tejidillo. Escuela de Navalcán,  segunda mitad s.: XVI. Instituto Valencia de Don Juan. Madrid. Fotografía José Luis Sánchez.  


El tejidillo o acolchado de Navalcán y todas sus derivaciones estaban vinculados a la tradición y las costumbres de los ajuares, bien fueran de carácter doméstico, con fines rituales o ceremoniales. Entre sus aplicaciones se encontraba, el ajuar doméstico, encontrándonos con: 

El “ajuar de boda” lo aportaba tradicionalmente la novia al matrimonio, costumbre   que se ha mantenido viva en Navalcán hasta la primera mitad del siglo xx La importancia de estos ajuares y la dote que aportaba la novia al matrimonio quedaban generalmente registradas ante notario, siendo una documentación de inestimable valor a la hora de catalogar las piezas antiguas. Existen documentos notariales ya desde los siglos xvii y xviii, como por ejemplo, se constata en la dote de María Gómez., de 2 de octubre de 1662 y de Ignacia Gómez, fechada el 5 de septiembre de 1735.

El “ajuar de cama” es de sumo interés en el estudio del tejidillo o acolchado navalqueño, Una de las piezas principales era “la delantera” que cubría “la cama de vistas utilizada en Navalcán hasta comienzos del siglo XX. 

En el “ajuar de aseo” encontramos piezas bordadas con el tejidillo o acolchado navalqueño. Las toallas y otros objetos  de aseo son decorados con composiciones adaptadas al diseño actual. La toalla es una de las piezas más antiguas citada en los inventarios medievales como pieza muy decorada. 

Será en el “ajuar de mesa”, donde el bordado de tejidillo muestre lo primoroso de su ejecución al adaptarse a múltiples composiciones geométricas, consiguiendo verdaderas obras maestras, en mantelerías, paños de mesa, etc. 

Dentro del ajuar doméstico, encontramos el ajuar ambiental. Las piezas más frecuentes en Navalcán son: mantas, bancales, cojines, basares, paño de puerta, cubiertas y porteras. El ajuar ambiental ha ido evolucionando adaptándose a los conceptos del diseño actual, marcando nuevas tendencias en el ámbito de la decoración.

El Ajuar ritual ocupa un importante lugar ya que para la celebración de ritos y ceremonias denominados de pasaje o tránsito (nacimiento. Bautismo, comunión, boda y muerte) tanto de carácter civil como religioso, la mujer ha realizado una serie de piezas bordadas que, con el tiempo, han sido investidas de cierto carácter simbólico. Además de las piezas pertenecientes al “ajuar de boda” en su carácter civil, como las camisas noviales tanto femeninas como masculinas y los “ajuares de cristianar” infantiles, encontramos otros de carácter social-religioso y/o litúrgico, como por ejemplo: 

El “paño de ofrendas” utilizado en distintas ceremonias religiosas donde se ofrecían dones en acción de gracias. En bodas, bautizos, misas, funerales, se hacían ofrendas en metálico o en frutos cubriéndose con este paño, en ocasiones bordado al tejidillo o acolchado. 

El “ajuar ritual funerario” en Navalcán se han conservado algunos de estos ritos hasta no hace mucho tiempo, Para estas ceremonias se realizaban un conjunto de piezas consistentes en: sudario, paño de andas, almohadón y paño de velas y paño de ofrenda.

Entre estas piezas cabe destacar, por su ornamentación  el “paño de velas o entrevelas”, se ponía sobre una mesa en la casa del difunto, encima se ponían los candelabros con las velas o cera hilada. Estos van habitualmente bordados al Tejidillo o Acolchado navalqueños en bandas paralelas y cruzadas casi siempre en negro. Siendo estos ejemplares de los más antiguos que se conservan cronológicamente bordados con esta técnica y de los que se conservan piezas en colecciones particulares locales y en museos institucionales. 


El Traje de Vistas de Navalcán es una de las indumentarias más arcaicas de España. Se ha mantenido vivo en el transcurso de los años gracias a la antigua costumbre de vestirlo como traje ceremonia por la novia, la madrina y las amigas o familiares acompañantes en las bodas tradicionales hasta bien entrado el siglo XX. A esta indumentaria se la conoce como “traje de vistas” o “las vistas”, en sentido genérico debido a la “vistosidad” de las piezas, como medio de relevancia social y honorabilidad familiar. 

El Traje de Vistas navalqueño se clasifica en tres tipologías: El Traje de Vistas, el Traje de Novia y el Traje de Moza Madrina. Las mujeres vestían diferentes atuendos para cada momento en las diferentes partes del ritual de la ceremonia nupcial.  Además existen variaciones de estas indumentarias navalqueñas, como el Traje de Medias Vistas (incorporando mantones flecados), el Traje con Corpiño o el Traje con Gorguera y Justillo (versiones de épocas estivales) o el Traje de “calle”, de finales del siglo XIX principios del XX. Respecto su antigüedad, es relevante el valor documental que suponen las pervivencias de prendas que se han ido superponiendo históricamente. Así, encontraremos trazas de los siglos XIV y XV en las gorgueras que una centuria después dejarían a la vista cuerpos con patrones que remiten a las modas del XVII, y sobre ellos, los pañuelos translúcidos de las labradoras y menestralas del XVIII; siglo en el que se configuró esta indumentaria. 

El Traje de Vistas está cargado de elementos simbólicos y protectores especialmente en la joyería y otros complementos del atavío – ramo de novia, escarapela de pecho, el tocado o corona- La joyería está formada por medallas caladas, crucifijos, rosarios, corales, collares y aderezos, destacando los relicarios (los Santos) que hacen de este indumento una alegoría del barroco popular

El Traje de Vistas  se compone básicamente de camisa, jubón (jugón), pañuelo guapo o pañuelo de tul y el guardapiés. El peinado en este tipo de traje es con moño de los llamados de picaporte con dos moños o rodetes laterales, adornado con horquillas de plata, tanto en el moño central a modo de corona, como en los moños laterales. Sus prendas van variando dependiendo de sus diferentes tipologías, siendo comunes a todas ellas los guardapiés bajeros, el guardapiés cimero (de vistas), la faldriquera, el mandil, las medias o las calcetas y los zapatos. 

El Traje de Vistas conocido también con el nombre generalizado de  “las vistas”, es el traje de gala que utiliza toda mujer navalqueña. Las prendas  que lo componen de dentro a fuera, son: 

-La “camisa”: confeccionada en lienzo casero fino, llegando hasta la rodilla. Abierta por delante hasta la cintura, cierra con botón de hilo o filigrana plateada. Va bordada a “hilos contados” para el cabezón, en color negro o en rojo y amarillo azafranado. Los puños se bordan a tejidillo o acolchado, siempre en negro. Ambos van rematados con piquillos y caireles, labor en forma de cordoncillo al borde del cabezón y del puño.

-Las “enaguas”: Las más antiguas están confeccionadas con lienzo, ornamentadas con lorzas y vainicas, rematadas al borde inferior con puntilla de ganchillo. Los modelos posteriores están realizados en lienzo más fino, siendo la ornamentación más variada, a base de franjas de deshilado, vainicas, randas y puntillas de bolillos.

-El guardapiés, nombre por el que se conoce en Navalcán a la falda o saya. El guardapiés por su forma corta, acampanada, sigue patrones, de los siglos XVII y XVIII. 


-El “guardapiés bajero”, es la prenda que se viste por encima de la camisa y la enagua. El Traje de Vistas lleva al menos dos guardapieses bajeros de paño, de color amarillo y azul. Los guardapiés bajeros tienen tres hileras de frunces. Llevan en la parte superior dos aberturas frontales con bordados de aplicación “picaos” en los bordes, rematados con una forma de corazón. En la parte inferior llevan un ribete de alpaca o seda. En la parte interior lleva un “ruedo” o guarnición de paño.

 

 Traje de Vistas. Moza Madrina. Indumentaria que se caracteriza por la roseta en el hombro izquierdo con cintas de seda de la que penden relicarios y cruces. Fotografía José Luis Sánchez 

Traje de Vistas. Moza Madrina. Indumentaria que se caracteriza por la roseta en el hombro izquierdo con cintas de seda de la que penden relicarios y cruces. Fotografía José Luis Sánchez 

 

-El “guardapiés de vistas o cimero”, como su nombre indica, va encima de los guardapiés bajeros. Los hay de diferentes tejidos y colores. El guardapiés de vistas de más gala es el guardapiés de damasco azul, siguiéndole en importancia el rojo o encarnado de barragán,(paño de lana de grano grueso que presenta pequeñas labores labradas), también los hay confeccionados en paño fino, y en otros colores como amarillo y verde.
La decoración del guardapiés es el encintado por medio de banda de encaje de bolillos, cintas de seda o colonias, agremanes y pasamanerías. La banda de encaje de bolillos va en el borde inferior por encima del ribete y está realizada de encaje con la técnica denominada “torchón”.  Estas bandas de encaje tienen su denominación local, como “las emes”, “los morgaños”, “el rabo de alacrán”, etc. 

Detalle de guardapiés cimero del Traje de Vistas. Encintado con cintas de seda (colonias) procedentes de la Real Fábrica de Sedas de Talavera de la Reina. s. xix. Fotografía José Luis Sánchez.  
Detalle de guardapiés cimero del Traje de Vistas. Encintado con cintas de seda (colonias) procedentes de la Real Fábrica de Sedas de Talavera de la Reina. s. xix. Fotografía José Luis Sánchez.  

 

-El “encintado y las sedas”. Una de las principales características del Traje de Vistas es la utilización en gran medida de las cintas denominadas colonias, respecto al origen de estas se han propuesto diversas hipótesis, desde la ciudad de Colonia de la que tomarían su nombre, hasta su elaboración en España, ya que durante los siglos XVII, XVIII y XIX se establecerán sectores industriales y comerciales en varias ciudades españolas, entre las que se contaban Toledo desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII,  en este último siglo aparecerá la creación de la Real Fábrica de Sedas de Talavera de la Reina de donde proceden la mayoría de las utilizadas en el Traje de Vistas de Navalcán.  

Los tejidos de seda de la Real Fábrica de Sedas de Talavera, también  fueron utilizados en otras prendas pertenecientes al Traje de Vistas, esta proliferación de ricos tejidos y cintas de seda se debe a que en esta localidad se plantaron moreras y se crio el gusano de seda para abastecer dicha fabrica. Apareciendo en piezas de patrones dieciochescos, como son el corpiño y el justillo.  

- El corpiño, es una prenda ajustada al busto y a la cintura y  escote amplio. Alrededor de la cintura suele llevar haldetas. Las sedas suelen presentar motivos florales al tresbolillo o encuadrados de forma simétrica. Una característica peculiar de estos corpiños navalqueños es llevan las sisas de las mangas decoradas con un ribete de seda en forma de picos o dientes de perro.

-”El justillo” suele estar confeccionado con tejidos de seda brocada. Es una prenda abreviada con tirantes y ajustada al talle, decorado también con cintas colonias.

-Como “pañuelos guapos” se conocen en Navalcán a los pañuelos de talle. Los más autóctonos son los blancos de lino. Los pañuelos de lienzo son de las piezas más arcaicas en la indumentaria navalqueña, documentados en el siglo XVII como “pañuelos de “ruán”, refieriéndose al tejido procedente de la ciudad francesa de este nombre. Van ornamentados con deshilados y ribeteados con puntilla de bolillos. Van bordados en blanco o bordados a punto de cruz, en negro y rojo o solo en rojo. Los pañuelos de tul o tejidos traslucidos bordados que se originaron en el siglo XVII, forman parte del atavío festivo, aumentando la utilización en las últimas décadas del siglo XVIII, extendiéndose en Navalcán hasta el siglo XIX y principios del XX. Suelen ir bordados en cadeneta en  blanco y “rebordados” con lentejuelas y abalorios. 

El “mandil navalqueño”, muestra una decoración de encintados, realizados por lo general en seda, raso o algodón adamascado de color negro y, en algunos casos en color azul en tejidos asedados, labrados o adamascados. Guarnecidos con puntilla metálica o encaje.

-El “jubón femenino” del Traje de Vistas es de paño, raso liso o adamascado, terciopelo llano o labrado. De color negro, escotado y cerrado con cordones. Existen dos tipos de jubón: jubón de Traje de Vistas y jubón de Traje de Novia. La diferencia entre uno y otro es que el jubón de novia, presenta la espalda guarnecida con pasamanerías y cubriendo las costuras siguiendo el patrón de la prenda. Es habitual en los jubones de novia, que estén realizados en terciopelo liso o labrado. 

-La “faltriquera o faldriquera” (del mozárabe “ḥaṭrikáyra” lugar para bagatelas). Están confeccionadas en paño y decoradas con motivos “picaos”, en los que suelen aparecer diseños geométricos, zoomorfos y fitomorfos. El patrón es rectangular.

-Los “zapatos” más antiguos del Traje de Vistas han sido los de cuero, llamados de “orejetas” o “vaqueta”  inventariados a partir del siglo XVIII utilizándose hasta el último tercio del siglo XIX en que comienzan aparecer los zapatos bordados y posteriormente los “picados”. Los zapatos bordados son abotinados, de pana lisa o terciopelo, bordado sobre el tejido; presentan tacón “de carrete”. Van ribeteados con cinta de seda; abrochando con cordón de seda y rematados con borlas. 

-Las “medias” son de cuatro tipos. Las medias blancas de hilo o algodón, caladas con diferentes tipos de puntos inspirados en los motivos del tejidillo navalqueño. Una segunda media (calcetas) más corta y sin puntera; En un tercer grupo estarían las medias de malla bordadas empleadas como media de gala, con primorosos dibujos geométricos y florales. En cuarto lugar, aparecen las medias rojas, empleadas antiguamente con el Traje de Novia. 

Detalle del Traje de Novia con guardapiés encintado y medias encarnadas tejidas. Fotografía David Blázquez
Detalle del Traje de Novia con guardapiés encintado y medias encarnadas tejidas. Fotografía David Blázquez  

 

- El “Traje de Novia” es el más icónico de la indumentaria tradicional navalqueña y uno de los más arcaizantes de la Península. Para la ceremonia eclesiástica la novia utilizaba un “traje de iglesia” cuya configuración se iría conformando a lo largo del tiempo hasta llegar al siglo XIX, puesto que las novias acudían tradicionalmente a la iglesia vestidas de negro, color impuesto desde la época de Felipe II. El Traje de Novia de Navalcán se componía de diferentes piezas: la basquiña o sobrefalda negra, el pañuelo de seda adamascado y la mantellina, también negra.  

Más tarde, la novia cambiaba estas galas más serias, por los guardapiés encintados, con el azul como color predominante, y los aderezos propios del mismo, esto es: el tocado, el ramo o roseta en el hombro y el lazo o roseta de pecho, del que penden medallas, cruces y relicarios. Este traje de novia, que se pone después de la ceremonia, es un vestido de gala con un fin claramente ceremonial o festivo. Es lo que podríamos considerar como un “singular Traje de Vistas de por la tarde” utilizado por la novia, devenido como testigo fosilizado de antiguos ritos nupciales, como el llamado “Baile de la Manzana”, baile cuestatorio y comunal que se realizaba para dar el regalo económico, “el presente” a los novios por parte de los invitados. Esta danza, con su tradicional “recorría” ,es un baile de boda que sirve como recaudación de las dádivas prendidas en la manzana que los invitados van ofreciendo a la novia en cada copla.

El Traje de Novia se compone de todas las piezas descritas del Traje de Vistas propiamente dicho, pero en el de “vistas de novia” destaca el jubón. Pieza confeccionada con tejidos ricos, con pasamanerías o agremanes. El cuello, postizo, realizado en encaje de bolillos, es rizado, con entredós en seda roja y almidonado, recordando los conocidos como “cuellos Medici”. Este Traje de Novia se complementa con una serie de accesorios:

Traje de Novia con el típico tocado -reminiscencias de las carambas dieciochescas- y las rosetas de cintas de seda de la Real Fábrica de Sedas de Talavera.  Fotografía David Blázquez. 
Traje de Novia con el típico tocado -reminiscencias de las carambas dieciochescas- y las rosetas de cintas de seda de la Real Fábrica de Sedas de Talavera.  Fotografía David Blázquez. 

 

-El “Ramo”. Prendido en el hombro izquierdo, se componía antiguamente por un ramillete de flores de oropel, cera y talco, sostenido por una escarapela de cintas de seda o colonias. Del ramo penden los relicarios con imágenes religiosas (Virgen del Prado, de Guadalupe o Del Sagrario, normalmente). 

-”Lazo o Roseta de pecho”. Situado por debajo del cuello postizo, se distingue por el número impar de lazadas (entre cinco y siete). Se complementa con cruces o medallas caladas. 

-El “Tocado o Corona”. Elemento fundamental en el aderezo del traje de novia de Navalcán y único en la comarca. Se levanta airosamente por encima del moño simulando una “cresta” almenada dibujando una media luna de la que penden cuatro cabos por detrás. La estructura plegada de la cresta se sujeta con alfileres. 

 

Detalle de la joyería, relicarios, “rosario de Jerusalén” medallas caladas y rosetas de cintas de seda que componen el Traje de Novia de Navalcán. Fotografía David Blázquez. 
Detalle de la joyería, relicarios, “rosario de Jerusalén” medallas caladas y rosetas de cintas de seda que componen el Traje de Novia de Navalcán. Fotografía David Blázquez. 


-El “Rosario de novia”. Aunque existen variadas tipologías, el tipo más empleado es el llamado Rosario de Jerusalén, realizado en Tierra Santa. Dada su procedencia, se consideraban rosarios-reliquia. Suelen ser de madera de boj, a veces con incrustaciones de nácar. Separando los misterios llevan unas borlas de seda carmesí.

-Las “Medias Encarnadas” es el complemento peculiar del antiguo Traje de Novia, tejidas a técnica de calceta con cinco agujas, los motivos están tejidos en blanco formando corazones con el motivo de las S inscritos en azul o tipos geométricos en zig-zag . Se remata en la parte superior con una forma de corazón florido. El borde superior se cierra con bandas horizontales en blanco, rojo y azul con temas geométricos. Por debajo se intercalan pajaritas empenachadas afrontadas a un motivo floral con claveles estilizados.

-La “Joyería”, ocupa un lugar relevante en la indumentaria. Usada en todo el occidente toledano, y en general en el occidente peninsular, mantiene características arraigadas en labores fenicias y visigodas, que conviven con raíces moriscas y judaicas. 
El “Aderezo” -conjunto de joyas- se compone de la gargantilla de oro de la que cuelgan diferentes dijes, bien el llamado de “galápago” o el de “tembladera”. Los pendientes de “herraúra” en forma de luna creciente mantienen una evidente similitud con la joyería de la cultura tartésica o los tesoros de la Aliseda (Cáceres) modelos de la zona de la Vía de la Plata, quedando definidos durante la dominación árabe. Sobresalen “los corales”, gargantilla de coral de una o varias vueltas y las medallas caldas, relicarios y cruces, su uso deriva de la moda aristocrática que pasó al pueblo perpetuándolos con un sentido tradicional. 

-El “Traje de Moza Madrina”. La Moza Madrina es una especie de dama de honor. Acompañaba a la novia en todo momento, asistiéndola en el arreglo del atuendo o cualquier menester que se presentara durante la celebración nupcial. Son jóvenes solteras, próximas en parentesco a la novia. Este traje, es un rico traje de Traje de Vistas, ostentando sobre el pañuelo guapo, un garboso lazo o “roseta” de hombro similar al lazo del ramo que porta la novia en el centro. Este Traje es el demás gala después del Traje de Novia de Vistas al que sigue en orden de riqueza. 

Una de las primeras referencias documentales que se tienen del Traje de Vistas de Navalcán son dos fotograbados pertenecientes a los fondos del actual Museo del Traje de Madrid.  En estas planchas y sus positivos se observan dos maniquíes, uno con Traje de Vistas y el otro con el Traje de Novia. En ellos se pueden apreciar piezas de la indumentaria navalqueña en un estado puro que forman parte de los fondos de dicho Museo, que se adquirieron con motivo de la Exposición del Traje Regional, celebrada en Madrid en 1925, inaugurada por SS:MM los Reyes. Actualmente el Museo del Traje de Madrid exhibe en la Sala de Indumentaria Tradicional, un Traje de Novia de Navalcán adquirido por el Museo en la década de los años 50, con algunas piezas antiguas y otras datadas en los años 1920.

Para toda la investigación tanto del Tejidillo o acolchado, como del Traje de Vistas de Navalcán se han consultado colecciones públicas y privadas, museos, archivos y protocolos notariales, haciendo un inventario y catalogación profundo de toda la documentación relativa a estas dos manifestaciones artísticas.  

 

Roseta de hombro del Traje de Vistas de Novia. Cintas de seda, dijes, cruces y relicarios de plata, configuran este complemento barroco. Fotografía David Blázquez 
Roseta de hombro del Traje de Vistas de Novia. Cintas de seda, dijes, cruces y relicarios de plata, configuran este complemento barroco. Fotografía David Blázquez 

 

El Tejidillo o Acolchado y el Traje de Vistas de Navalcán, podría convertirse en un activo cultural y económico vital para impulsar el desarrollo sostenible del sector de la artesanía en el municipio y en la comarca.  El futuro reconocimiento como declaración de Bien de Interés Cultural contribuiría a su revalorización, así como a todas las actuaciones culturales que se realicen en torno a estos bienes, aumentando a un tiempo la conciencia de su transcendencia cultural a lo largo de los siglos. Además, reforzará el respeto por la diversidad y creatividad que ya existe en su concepción, fomentando el diálogo y el intercambio cultural. 

La declaración de Bien de Interés Cultural al Tejidillo o Acolchado y el Traje de Vistas de Navalcán, se justifica, en consecuencia, porque ambas manifestaciones no solo han enriquecido la memoria cultural colectiva de todos los castellano-manchegos, sino la particular de Navalcán, gestándose lazos identitarios que irradian un sentimiento de pertenencia a nuestra cultura tradicional, en suma, la cultura inmaterial de Castilla – La Mancha, un inmenso patrimonio. 

El 30 de abril de 2024, se aprueba su declaración como Bien de Interés Cultural con la categoría de "Bien Inmaterial" . 

 

Autor: José Luis Sánchez Sánchez. Doctor en Bellas Artes y Académico en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. 

GALERÍA DE IMÁGENES

Comentarios: 5

Emilia Fernánd… el 20-05-2024

Enhorabuena a José Luis Sánchez por la gran labor que está realizando para dar a conocer tan maravillosos trabajos del bordado tradicional, gracias a tantas y tantas mujeres que bordaron y continuan bordando con entusiasmo y trabajos perfectos,gracias por sacar de las arcas tanta belleza y por supuesto nuestra enorme gratitud al Ayto de Navalcán por desarrollar junto con Revolvedera y tod@s las personas involucradas por fomentar una parte importantísima de la cultura tradicional. Salud para continuar haciendo que la CULTURA llene nuestras vidas.

Isabel el 20-05-2024

Extraordinaria belleza

Concepción Calvo el 20-05-2024

Soy de Caleruela, cuando éramos niñas nos enseñaban a bordar y en nuestros dechados realizábamos tijidillo y acolchado. Se hacía con la misma técnica "a zurcido" Había diferencia entre el tijidillo y el acolchado. El primero se bordaba en vertical y dejando un solo hilo entre línea y línea. El segundo, es decir el acolchado se hacía en horizontal y dejando más hilo entre unas puntadas y otras

GLORIA IBÁÑEZ RUIZ el 20-05-2024

No conocía la indumentaria castellana al detalle, y me ha parecido fascinante e igual de elaborada que la valenciana. Me gustaría preguntar¿ Si podría tener alguna reminiscencia a cierto origen de India o similar?.

Blanca B. - A … el 20-05-2024

Qué interesante. Ojalá no se pierdan nunca estas técnicas textiles y siempre haya alguien dispuesto a mantenerlas vivas.

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