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02 Diciembre 2022

No es fácil condensar en unas pocas líneas toda la información que nos aporta una pieza excepcional como es el ataifor de Guadalajara. El dibujo que aloja en su interior este recipiente cerámico es, en realidad, un libro cuya lectura nos aporta el ideario político-religioso que estuvo en la base de la proclamación de un nuevo régimen en el mundo medieval (el califato de Córdoba) y en el que subyace la necesidad y la voluntad de proclamar la legitimidad y el poder de su líder haciendo uso de la imagen como vehículo propagandístico.

EL RECIPIENTE

En general, en el mundo de la cerámica andalusí se designa como ataifor a un cuenco mediano o grande, habitualmente vidriado por ambas caras y decorado en su interior; un contenedor de comidas preparadas para varios comensales que se iban sirviendo de esta gran fuente y cuyo uso se generalizó a lo largo del siglo X.

Los fragmentos del que nos ocupa, se encontraron durante una intervención arqueológica realizada en un solar del casco antiguo de la ciudad de Guadalajara acompañados de otras piezas cerámicas cronológicamente similares, incompletas también. Se recuperaron en el interior de lo que quedaba de un hoyo circular cavado en el suelo, depositados ya como desechos, preservados casi milagrosamente tras la construcción de un palacete en el siglo XVII y otras reformas del XIX. Son precisamente estas circunstancias las responsables de que la pieza no llegue completa a nuestros días; no obstante, estas faltas no nos impiden conocer el tema representado ni leer qué fue lo que se quiso representar en su interior.

El Ataifor de Guadalajara.
El ataifor de Guadalajara. Museo Provincial de Guadalajara. 

 

Lo que se conserva de la composición del ataifor de Guadalajara muestra una figura humana de perfil con cabello rizado abultado y una larga trenza que le cae por la espalda, con el brazo derecho levantado, en cuya mano se posa un pájaro, mientras mantiene el otro doblado sobre el pecho sosteniendo con esa mano una redoma. Va sentada sobre un camello, cubierta por un palio y flanqueada por dos jarras; entre las patas del camello se dibujó una planta con un gran bulbo en forma de pica de cuyo tallo parten dos ramas divergentes.

La técnica con la que está realizado el dibujo es la conocida como verde y manganeso, el estilo decorativo que, muy posiblemente, se difundió desde Madinat al-Zahra y que consiste esencialmente en pintar sobre un fondo estannífero blanco los contornos con óxido de manganeso y rellenar el interior con óxido de cobre. Las relaciones con el estilo palatino se ven claramente no solo en el uso de la técnica, sino también en detalles comunes como la sucesión de semicírculos que recorre el borde del recipiente, conocida como orla califal, y el moteado blanco que cubre la piel del camello, recurso muy usado para la representación de los animales en este tipo de cerámica característico del período califal. Como es habitual, el exterior se cubre con vedrío melado.

Desentrañar el mensaje que se pretendía transmitir con esos símbolos que se han relacionado, y de otros menos destacados que por falta de espacio no va a ser posible describir aquí, no sería fácil de entender sin analizar brevemente la coyuntura del momento de su fabricación.

SU TIEMPO 

Al iniciarse el siglo X la única autoridad califal, entendida como la jefatura política y religiosa del mundo musulmán, la administraba la dinastía abasí desde su capital en Bagdad. Habían llegado al poder tras despojar de él a los omeyas en un proceso cruento que acabó con la vida de todo el clan, excepto de uno de sus miembros, al que conoceremos como Abd al-Rahman I, que llegó a la península Ibérica y proclamó el emirato independiente de al-Andalus.

Pero en 909 esa unidad califal, más simbólica que efectiva, se rompe con la proclamación del califato fatimí, promovido por un grupo chií (tanto abasíes como omeyas son suníes), que se había apoderado de un amplio territorio en el norte de África y conquistó Egipto donde creó su capital definitiva: El Cairo.

Para el gobierno andalusí, hasta entonces reticente a proclamar un califato propio, la instauración del fatimí fue un detonante para dar el paso definitivo. Considerando como usurpadores a los abasíes, pues derrocaron a su dinastía que consideraban legítima, herejes a los fatimíes y tras sofocar la peligrosa rebelión dirigida por Ibn Hafsun en la península, Abd al-Rahman III decide en 929 proclamar el califato de al-Andalus.

El título de califa suponía asumir la jefatura política y religiosa de todo el mundo musulmán, Oriente y Occidente, y esa aspiración exigía esgrimir unos derechos legítimos para adquirir esa condición que le acreditaba como dirigente único y excluyente de todos los creyentes. Esos derechos constituyen el ideario del califato de Córdoba y consisten en mostrar la legitimidad dinástica, la pertenencia a la dinastía omeya, la dignidad real, el poder sobre sus súbditos y la capacidad para llevar a cabo la defensa del Islam frente a la herejía.

SU SIGNIFICADO 

Es en este marco político en el que se inscribe la figura del ataifor de Guadalajara ya que todos sus símbolos inciden en la legitimidad del régimen recién instaurado y en las capacidades de su líder, mostrando mediante la imagen los atributos políticos y religiosos que le acreditaban como el único con derecho a erigirse como gobernante de todo el mundo musulmán.

Así esos atributos pueden agruparse en dos categorías: religiosos y políticos. Entre los últimos, el palio que lo cubre es un símbolo indiscutible de realeza; la redoma de la mano izquierda supone su condición de Señor de la Vida que otorga poder de vida y muerte sobre los gobernados; la trenza es un símbolo de legitimidad dinástica pues alude a las dos que tenía Abd al-Rahman I; un sentido similar tienen las dos ramas que salen del Árbol de la Vida, dibujado entre las patas del camello, que aludirían a la omeya de Oriente y a la de Occidente, ámbitos representados también por las dos jarras, que por su posición, harían referencia a los dos extremos del mundo islámico sobre los que el soberano cordobés se declaró único gobernante legítimo.

La consideración de líder religioso viene avalada por la elección el camello como montura puesto que es el animal que lleva a los justos al Paraíso y por el hecho de portar en su mano un pájaro que simboliza el alma de los justos. Se incluyen, además, otros símbolos paradisíacos como el Árbol de la Vida, la planta que se encuentra entre las patas del camello, o la flor de loto que luce en su manga el personaje.

 

 Detalle del califa bajo palio portando el ave, la redoma y flanqueado por las dos jarras.
Detalle del califa bajo palio portando el ave, la redoma y flanqueado por las dos jarrasMuseo Provincial de Guadalajara. 

 

Así la lectura del ataifor de Guadalajara ha de hacerse en función de esta simbología político-religiosa, conceptos indisolublemente unidos en el mundo medieval musulmán: “Se presenta al califa en el esplendor de su poder político y religioso, mostrando los símbolos de realeza, como Señor de la vida de sus súbditos, de la legitimidad de su gobierno y de su derecho dinástico, además de la jefatura de los ejércitos que posibilitan la eficaz defensa del Islam, por todo lo cual ha de ser Califa y Señor de Oriente y Occidente. Es el Imam de los Creyentes, uno de los justos, elegido por Dios, sólo él, para guiar a la Comunidad por el camino recto que conduce a la vida eterna y al Paraíso, al cual se dirige sobre el camello, animal que lleva a sus puertas a los creyentes, y portando en su mano el alma de los piadosos o los mártires que han creído en él y han seguido sus designios.” (Cuadrado 2022, 143).

La imagen del ataifor de Guadalajara es, por tanto, una creación de la propaganda del califato andalusí para difundir la imagen del soberano, de su poder y de los beneficios de seguir sus preceptos. El califa ofrece la salvación y el Paraíso a todo el que le siga, pues él es el único camino recto, pero también la redoma de su mano izquierda muestra el castigo a quienes no le obedezcan, pues esa condición de Señor de la Vida le da poder para quitarla.

Este ideario que se representa en nuestro recipiente es, de hecho, la negación de la legitimidad de los otros dos califatos que marca una ruptura con la situación existente. Pero la ruptura es mayor en otro aspecto: el estético, y este es otro de los factores en los que radica la excepcionalidad del ataifor de Guadalajara, no solo en ser el único soporte en el que se recoge tan claramente el programa del califato fuera de las fuentes escritas, sino porque supone la creación de una nueva forma de representar al califa, desconocida hasta ahora en todo el mundo islámico.

Hasta la aparición de esta magnífica imagen se pensaba que sólo se le había representado de frente, sentado a la turca y rígido sosteniendo ante el pecho la Copa de los Mundos, aquí dibujada como una redoma, una composición instaurada por el gobierno abasí convertida en la comúnmente usada y que, de hecho, se creía exclusiva. Así aparece en los marfiles tallados en al-Andalus y en las cerámicas de los otros califatos.

Pero lo que nos muestra el ataifor de Guadalajara es que en al-Andalus se creó y difundió una imagen del califa, no uno concreto sino su persona, rompiendo los cánones asumidos en todo el mundo musulmán y usados por sus rivales, que consiste en mostrar al califa de perfil, con los atributos de su poder y cuyo soporte fue mayoritariamente la cerámica, abandonando la técnica de la loza dorada usado por fatimíes y abasíes a favor del verde y manganeso, más asequible y barato.

Además, hay otro factor que aumenta la importancia del ataifor, y es que, gracias la investigación que se ha realizado, hemos podido identificar la figura del soberano en otras cerámicas conservadas en museos de España y Portugal, con composiciones parecidas, que confirman la existencia de esta serie iconográfica destinada a mostrar al califa andalusí de esta forma novedosa.

En definitiva, la interpretación nos muestra que, en realidad, estamos ante una pieza de excepcional valor para el estudio de la visión del soberano en el mundo musulmán y, en general, en todo el mundo medieval mediterráneo. Es una imagen desconocida hasta ahora, que supone un documento fundamental para el estudio de los derechos y pretensiones que se esgrimieron para proclamar el califato cordobés y un hito apara la comprensión del arte medieval al ofrecernos una nueva iconografía del soberano.

SU ACTUAL MORADA: EL MUSEO DE GUADALAJARA. INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN DEL ATAIFOR

Ha supuesto una gran ventaja que la investigación se centralizara desde el principio en el Museo de Guadalajara pues, contando con el decidido apoyo de su director, Fernando Aguado, ha permitido desplegar toda una serie de actividades solo al alcance de un centro de este tipo, enfocadas al estudio, la contextualización y la difusión de una pieza de estas características, cuyo interés explica la repercusión tanto nacional como internacional que ha tenido su presentación.

Así, los datos se plasmaron rápidamente en una exposición temporal que difundió la importancia de la pieza: “El ataifor de Guadalajara. La imagen del califa andalusí” (comisariada por Miguel Ángel Cuadrado, María Luz Crespo y Fernando Aguado) que mostró toda su relevancia y también la importancia de la Guadalajara andalusí que lo acogió y cuyo interés mostraron los hallazgos expuestos. En ello se incidió también al confeccionar el ciclo de conferencias “El ataifor de Guadalajara. La pieza y su contexto” que ha acercado desde una visión más especializada estos aspectos al público, contando con las intervenciones de los profesores Manuel Castro y Enrique Daza, el alfarero Luis Larriba y los arqueólogos José Martínez y Consuelo Vara.

 

 La pieza en la exposición temporal montada por el Museo de Guadalajara para su presentación
La pieza en la exposición temporal montada por el Museo de Guadalajara para su presentación. Museo Provincial de Guadalajara. 

 

Por supuesto, la importancia de la pieza reclamaba su reflejo en un libro, El ataifor de Guadalajara. El califa andalusí y la propaganda de su legitimidad (Cuadrado, Vara y Martínez 2022), que recoge los estudios de Consuelo Vara y José Martínez Peñarroya, directores de la excavación donde apareció el ataifor y que cuentan sus pormenores, de María Luz Crespo en el estudio del lote cerámico, los análisis arqueométricos de Alberto Dorado y la restauración dirigida por Ángel Gea; ellos escriben los diferentes capítulos que han permitido concretar la interpretación cuyos resultados, también recogidos en el libro, he intentado resumir aquí prescindiendo de otros muchos que pueden encontrarse en el texto del estudio.

Todo ello es para el Museo, en definitiva, la adquisición de un conocimiento preciso para el gran paso final que da el ataifor: su incorporación a la exposición permanente con la garantía de poder transmitir a todos aquellos que se acerquen a contemplarlo, su importancia y excepcionalidad basadas en unos datos científicos contrastados.

 

Bibliografía:

CUADRADO PRIETO, M. A., VARA IZQUIERDO, C. Y MARTÍNEZ PEÑARROYA, J. [Coords.] (2022): El ataifor de Guadalajara. El califa andalusí y la propaganda de su legitimidad, La Ergástula, Madrid.

CUADRADO PRIETO, M. A. (2022): “Capítulo 3. El significado del ataifor de Guadalajara. La propaganda califal, la cerámica verde y manganeso y los “Perfiles califales”, en CUADRADO, M. A., VARA, C. Y MARTÍNEZ, J. [Coords.] (2022): El ataifor de Guadalajara. El califa andalusí y la propaganda de su legitimidad, La Ergástula, Madrid, pp. 97-194.

 

Autor: Miguel Ángel Cuadrado Prieto (Técnico del Museo de Guadalajara)

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