En el extremo occidental de la provincia de Guadalajara, dominando el valle del Jarama desde una elevada plataforma natural, se encuentran los restos del castillo de Uceda. A simple vista, poco queda de la poderosa fortaleza descrita por las fuentes históricas: algunos lienzos de muralla, estructuras parcialmente arrasadas y un paisaje en el que resulta difícil imaginar la monumentalidad que alcanzó durante la Edad Media y los primeros siglos de la Edad Moderna.
Desde 2022, las investigaciones arqueológicas desarrolladas por la Universidad de Alcalá están permitiendo recuperar progresivamente la historia del castillo y de la antigua población medieval. Excavaciones, prospecciones mediante georradar, levantamientos topográficos, vuelos con dron, modelos tridimensionales, estudios ambientales y especializados han transformado sustancialmente nuestro conocimiento del enclave.
Uno de los principales avances ha sido comprobar que el castillo no puede entenderse de manera aislada. Formaba parte de una población medieval de grandes dimensiones (Fig. 1), protegida por un amplio sistema defensivo y estratégicamente situada sobre las comunicaciones del valle del Jarama. Las prospecciones han permitido reconocer bajo el terreno actual una densa trama urbana de aproximadamente doce hectáreas, con edificios, calles y distintas fases de ocupación. Nos encontramos, por tanto, ante los restos de una villa medieval que hunde sus raíces en una medina andalusí.
Su posición explica buena parte de su importancia histórica. Durante época andalusí, Uceda se encontraba en un territorio estratégico de la Marca Media, vinculado a Talamanca del Jarama y al control de los pasos hacia la Sierra (ss. IX-X). Tras la incorporación del territorio a Castilla en el siglo XI, siguió siendo un centro destacado y pasó posteriormente a integrarse en los dominios del arzobispado de Toledo. Durante los siglos XIV y XV, el castillo desempeñó un importante papel político y militar, antes de experimentar profundas transformaciones durante el último tercio del siglo XVI.
El posterior desplazamiento de la población hacia el exterior del antiguo recinto medieval a finales de esa centuria favoreció, paradójicamente, la conservación arqueológica de gran parte de la antigua villa. Bajo los campos actuales permanecieron restos de calles, construcciones y espacios defensivos que hoy comienzan a ser reconocidos.
Objetivos: investigar un castillo para comprender un territorio
El proyecto iniciado en 2022 supera ampliamente la excavación de una fortaleza. El castillo constituye el punto de partida para estudiar cómo se organizó y transformó el territorio de Uceda durante la Edad Media y los primeros siglos de la Edad Moderna.
Una de las principales cuestiones es reconstruir su evolución arquitectónica. Murallas, torres, edificios interiores, caminos y sistemas de acceso pertenecen a momentos diferentes y fueron reformados, destruidos o reutilizados a lo largo de varios siglos. La excavación permite establecer esas relaciones y aproximarse progresivamente a la secuencia histórica del conjunto.
Al mismo tiempo, se pretende comprender la población situada alrededor del castillo: la extensión de la medina andalusí, sus transformaciones tras la conquista castellana, la localización de calles, edificios y puertas y la relación existente entre el recinto urbano y la fortaleza.
Para ello se combinan métodos tradicionales de excavación con tecnologías capaces de estudiar amplias superficies sin intervenir directamente sobre ellas. El georradar permite detectar anomalías producidas por muros, pavimentos y otras estructuras enterradas, mientras que los vuelos con dron y la fotogrametría proporcionan modelos tridimensionales precisos del terreno y de las diferentes fases de excavación.
Las prospecciones sobre el territorio nos permiten identificar áreas de extracción de recursos para la construcción de la medina, impactos ambientales, y reorganización de la población.
La investigación tiene también una clara dimensión patrimonial. El conocimiento científico constituye la base para proteger, conservar e interpretar el yacimiento y facilitar su futura difusión.
Descripción: cinco años de investigación arqueológica
2022: el inicio de las excavaciones
La primera campaña se concentró en el alcázar. Hasta ese momento, la información arqueológica disponible era muy limitada y buena parte de la interpretación del castillo dependía de las fuentes escritas y de los restos visibles.
La excavación confirmó la existencia de una importante fase de remodelación bajomedieval, probablemente situada entre finales del siglo XIV y comienzos del XV, y que hoy podemos situar entre 1380 y 1390. La fortaleza resultante continuó utilizándose durante buena parte del siglo XVI.
Bajo algunas de estas estructuras aparecieron indicios de construcciones anteriores. Aunque su interpretación debe mantenerse todavía abierta, constituyen una de las principales vías para localizar y caracterizar arqueológicamente la primitiva fortaleza andalusí.
En el interior se documentaron además restos del pavimento correspondiente a una planta superior de uno de los edificios, demostrando que la arquitectura original se desarrollaba en varias alturas.
La prospección mediante georradar completó esta primera imagen, mostrando un conjunto organizado en el interior del castillo, mediante diferentes edificios y espacios interiores, así como indicios de un posible aljibe, un foso y estructuras que se prolongaban hacia el extremo occidental del cerro (Fig. 2)..
2023: una ciudad medieval bajo los campos
En 2023 la investigación amplió su escala y la prospección geofísica se extendió por distintos sectores de la antigua medina, especialmente en las proximidades de la iglesia de Santa María de la Varga.
Los resultados permitieron reconocer una densa trama de construcciones bajo el terreno. El georradar identificó numerosas alineaciones compatibles con muros, edificios y pavimentos. La existencia de orientaciones distintas y estructuras superpuestas muestra que la ciudad fue modificándose a lo largo del tiempo, desde la etapa andalusí hasta los siglos posteriores a la conquista castellana.
Uno de los sectores más interesantes se encuentra junto a la iglesia románica de Santa María de la Varga, donde se identificaron indicios relacionados con el espacio de la antigua Puerta del mismo nombre, uno de los principales accesos a la villa desde el valle.
Los datos disponibles permiten estimar que la ciudad medieval alcanzó unas doce hectáreas. Su extensión y la conservación de buena parte del urbanismo bajo áreas poco construidas convierten a Uceda en un enclave especialmente relevante para estudiar la evolución de una población medieval del centro peninsular.
2024: la arquitectura interior del castillo
La excavación de 2024 se concentró en el denominado Edificio 1 y en el espacio comprendido entre este y las estructuras defensivas.
Los trabajos permitieron conocer mejor sus características constructivas. Mientras las murallas estaban realizadas principalmente con mampostería y sillares de piedra, una parte importante de la construcción había sido levantada en tapial.
Especialmente significativa fue la documentación de su planta superior. Se conservaba un pavimento de baldosas cerámicas y numerosos restos de paredes y cubiertas (Fig. 3). La techumbre combinaba vigas con un entramado ligero de cañas revestido de yeso, cuyas improntas todavía eran visibles en varios fragmentos recuperados entre los derrumbes.
Algunos revestimientos conservaban restos de pigmentación. Los datos apuntaban a la presencia de zócalos en tonos azules y zonas superiores o techos rojizos, proporcionando una primera aproximación al aspecto interior del edificio.
Los niveles de incendio y los potentes derrumbes documentados permitieron también situar la destrucción de esta construcción en un momento no anterior a finales del siglo XVI o comienzos del XVII.
2025: una torre donde se esperaba una puerta
La campaña de 2025 mostró de forma especialmente clara cómo la arqueología obliga a revisar las hipótesis a medida que aparecen nuevas evidencias.
En campañas anteriores, a partir de la historiografía sobre el castillo, se había planteado que uno de los sectores excavados podía corresponder al acceso principal al recinto. Sin embargo, bajo los grandes niveles de derrumbe apareció una torre de frente curvo y abierta hacia el interior de la fortaleza.
La estructura se encontraba unida a los lienzos de muralla y había sido construida mediante una combinación de revestimiento exterior de piedra y un potente núcleo de cal, cantos y ladrillos (Fig. 4). Sus características permiten relacionarla con las reformas efectuadas entre finales del siglo XIV y comienzos del XV, en un contexto de adaptación de las fortificaciones a nuevas formas de guerra y al creciente uso de armas de fuego.
El hallazgo permitió descartar la existencia en ese punto del acceso en codo planteado anteriormente. La entrada debió de responder a un sistema más complejo, posiblemente basado en estructuras de madera, puentes y pasos elevados que comunicaban distintas plataformas y permitían salvar el foso.
También se documentaron con mayor precisión los procesos posteriores al abandono. La fortaleza fue utilizada durante siglos como cantera, con la extracción sistemática de sillares y mampuestos, mientras algunos sectores acogieron actividades vinculadas al fuego y al reciclaje de materiales.
2026: un patio renacentista y un conjunto residencial
La campaña de 2026 ha aportado un elemento fundamental para comprender las últimas fases de utilización del castillo: la identificación de un patio de época renacentista junto al Edificio 1 (Fig. 5).
El hallazgo permite interpretar este sector como un conjunto formado por varias construcciones articuladas en torno a un espacio abierto central. La existencia del patio, unida a los datos obtenidos previamente en el Edificio 1, señala la presencia de un conjunto residencial de cierta entidad, posiblemente palacial, hasta ahora desconocido, que tuvo un origen bajomedieval y que fue reformado a principios del siglo XVI.
Esta nueva lectura permite integrar algunos hallazgos anteriores. El pavimento de la planta superior, los revestimientos de yeso, la decoración pigmentada y la cuidada organización de los ambientes pueden ahora relacionarse con una arquitectura residencial más amplia.
La fortaleza combinó, por tanto, funciones militares con espacios de residencia y representación, algo coherente con las referencias documentales bajomedievales y modernas. Las fuentes señalan, además, el empleo del castillo como prisión de personajes destacados de la corte castellana durante los siglos XV y XVI, como el cardenal Cisneros o el Duque de Alba.
Los datos arqueológicos indican que este conjunto residencial permaneció en funcionamiento hasta un momento avanzado del siglo XVI. Su final parece estar relacionado con un episodio de especial intensidad detectado durante la campaña de 2026.A comienzos del siglo XVII, el castillo sufrió una fuerte explosión que afectó de manera especialmente grave al flanco oriental y provocó el colapso de las construcciones que rodeaban el patio (Fig. 6 y 7).
Este episodio permite reinterpretar algunos de los grandes derrumbes documentados en campañas anteriores. Al menos una parte importante de la destrucción no respondería simplemente a un lento proceso de abandono, sino a un acontecimiento violento y relativamente rápido que afectó tanto a las defensas como a los edificios residenciales (Fig. 8).
Tras este momento, el abandono y el expolio debieron intensificarse, iniciándose el proceso que terminaría configurando las ruinas conservadas actualmente.
Conclusiones: fortaleza, residencia y centro de poder
Las investigaciones desarrolladas entre 2022 y 2026 han permitido reconstruir una imagen del castillo de Uceda muy diferente de la que ofrecían únicamente sus restos visibles.
Las excavaciones y prospecciones muestran un conjunto con una larga evolución, vinculado a una extensa población medieval y sometido a continuas transformaciones arquitectónicas. Las primeras campañas permitieron caracterizar su sistema defensivo y reconocer una medina de unas doce hectáreas; posteriormente se identificaron edificios de varias plantas, espacios interiores decorados y nuevas estructuras defensivas.
El descubrimiento de 2026 añade una dimensión fundamental. El patio renacentista y su relación con el Edificio 1 permiten reconocer un conjunto residencial, posiblemente palacial, activo hasta un momento avanzado del siglo XVI. La fortaleza fue, por tanto, además de un espacio defensivo, un lugar de residencia, representación y ejercicio del poder.
Su destrucción parcial a comienzos del siglo XVII mediante una fuerte explosión constituye otro de los principales resultados recientes y ofrece una explicación para el colapso del flanco oriental y de los edificios que rodeaban el patio.
Quedan todavía numerosas preguntas abiertas: la organización completa del conjunto residencial, la función de sus diferentes edificios, la relación entre las áreas palaciales y defensivas, la localización exacta del acceso principal o las causas de la explosión. Junto a otras más amplias, como la organización de la medina, y la definitiva identificación de las áreas de extracción de materiales.
Las futuras campañas permitirán avanzar en estas cuestiones. Pero los resultados obtenidos hasta ahora muestran ya que Uceda fue mucho más que una fortaleza medieval: constituyó un importante centro de poder político, militar y residencial, fundamental para comprender la evolución histórica de este sector de Guadalajara y de los territorios vecinos de la actual Comunidad de Madrid, y que implicó un concreto orden social e impacto en el paisaje.
El proyecto ha sido financiado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha dentro de las ayudas destinadas a la investigación del patrimonio arqueológico y paleontológico 2022, 2024, 2025 y 2026. El proyecto cuenta también con el apoyo financiero de la Diputación de Guadalajara, del Ayuntamiento de Uceda y de la Universidad de Alcalá.
Autores: Manuel Castro-Priego. Universidad de Alcalá, Prof. Titular de Arqueología.
Mar Gallego García. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Contrato JAE-Pre.
Lauro Olmo Enciso. Universidad de Alcalá. Catedrático de Arqueología.