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La llamada presa de Moracantá se localiza al norte del término municipal de Villaminaya (Toledo), casi en su límite con el de Almonacid de Toledo, a poco más de 2’5 km al norte del núcleo urbano, en el paraje denominado Vega Masón.


Se encuentra en una zona llana, con ligera pendiente hacia el norte, situada en el paso existente entre las elevaciones de la Sierra de la Oliva al noroeste y los Cerrojones, al noreste, por el que discurre el arroyo de Guazalete, del que son subsidiarios los de Fuente Recén y Prado Redondo en el que se encuentra el dique de la presa.


La importancia de este paso en la historia la atestigua el que haya sido objeto, al menos, de tres importantes batallas


•    La batalla del Guazalete del año 742, en la que se enfrentaron los rebeldes bereberes y las tropas del emir cordobés.
•    La batalla que enfrentó, en el año 854, a la unión conjunta de los reinos astur y pamplonés, aliados a la población sublevada de Toledo, en contra de las tropas del emir Muhammad I de Córdoba.
•    La batalla de Almonacid, de 1809, en la Guerra de la Independencia, en la que se enfrentaron, un ejército francés con unos efectivos de unos veintiséis mil infantes, cuatro mil caballos y cuarenta cañones, al mando del mariscal Sebastiani, con otro español de unos veintidós mil infantes, tres mil caballos y veintinueve piezas de artillería, al mando del general Venegas.


La presa se sitúa sobre el arroyo de Prado Redondo, inmediatamente antes de su confluencia con el de Fuente Recén, en el paraje de Vega Masón. La estructura conservada del dique que cierra la presa está constituida por un muro de cierre encajado sobre el antiguo cauce del arroyo, existiendo otro trasversal a él, ocupando en total una superficie de apenas 200 m2.

 

Presa

 

El dique se configura como un muro de planta recta con pantalla plana, que conserva 33 de los 44 m de longitud que debió medir; está cimentado directamente sobre el terreno y construido por dos lienzos yuxtapuestos de distintas características: el de aguas arriba, con casi 1 m de espesor, se realizó con opus incertum y el de aguas abajo, de 0,86 m de ancho, con opus caementicium dispuesto en cinco tongadas de 0,48 m de altura, de las que solo restan cuatro y el arranque de la quinta, que tendría 1.192 Ha de superficie de irrigación (esto es, aguas abajo del dique) y una capacidad de embalse de 5.632 m3 (lógicamente, aguas arriba).


Perpendicular a él se encuentra un muro de 1,10 m de anchura y al menos 31,75 m de longitud, que, en las últimas campañas de excavación (propiciadas por la corporación municipal y dirigidas por J. Peces Pérez y S. Rodríguez Martín), se ha asociado a una estructura habitacional y a un enterramiento.


Como señala Mª L. Barahona “el análisis del dique de Moracantá permite confirmar que nos hallamos ante una pequeña presa de gravedad, más propiamente un azud, si nos atenemos a sus características técnicas”, de modestas dimensiones, construida trasversalmente al cauce del arroyo de Prado Redondo, a poco más de 80 metros de su afluencia con el de Fuente Recén durante el Alto Imperio (siglos I y II d. C.) que podría haber tenido un doble uso: por un lado, la acumulación de una pequeña lámina de agua como aprovisionamiento para los meses más cálidos; y, por otro, para regular el cauce de los arroyos en su confluencia, en una zona de transición entre los terrenos arcillosos (impermeables) situados sobre el macizó granítico (agua arriba de la presa) y los suelos de alteración, arenosos y más permeables al sur, que permiten un mínimo desarrollo del cultivo.


Dada a conocer por M. Arellano a mediados de los años 70, ha sido objeto de estudio por diversos investigadores, quienes han puesto de manifiesto sus principales características; en la actualidad es objeto de un proyecto de investigación, rehabilitación y puesta en valor liderado desde el Excmo. Ayuntamiento de Villaminaya.

 

presa

 

Como señala M. L. Barahona su localización “no es, desde luego, fortuita: sobre un barranco que recoge aguas de escorrentía al pie de la sierra de la Oliva y cuya cuenca vertiente es, sin duda, de bastante entidad. Por otra parte, y de nuevo de forma análoga a otros diques, la presa se eleva sobre terrenos aún impermeables que impiden la infiltración del agua acumulada, lo que supone un alto rendimiento de la estructura. Esta posición asegura, una vez más, el llenado del vaso al menos en época lluviosa y supone una regulación artificial del curso del arroyo, sometido a fuertes estiajes”.

De esta manera, además de una posible función tradicional como almacenaje de agua en relación con el regadío de campos situados agua abajo del mismo, la doctora Barahona expresa que esta estructura serviría, fundamentalmente, “para la regulación de las aguas del arroyo, cuyos usos sí pudieron ser múltiples, en un territorio donde los recursos hídricos varían notablemente con las estaciones.

Desde un punto de vista constructivo podemos hablar de una obra sencilla, pero bien ejecutada, en la que destacan el empleo de abundante mortero de cal de alta calidad y una impecable selección de materiales por tamaños: menores en la hoja de agua abajo del dique, medianos en la hoja de agua arriba y de gran tamaño en el acabado de la hoja de agua arriba.

Todo ello implica la necesidad, al menos, de un taller de albañilería implicado en la construcción de la obra. El material, recogido del terreno por los propios operarios, no necesitó de extracciones especializadas en cantera, puesto que los mampuestos no están trabajados, o lo están muy poco y sólo necesitan de una tarea selectiva de recogida y puesta en obra (…). El mortero, duro, bien amasado y con áridos finos supone la presencia de un calero que fabrique esta cal. Por último, conocemos el trabajo de un taller de carpintería auxiliar que realiza, al menos, los cajones del encofrado, cuyas huellas aún se observan en la cara de agua abajo del dique. Todo lo dicho supone un ciclo productivo para la construcción de la presa no excesivamente complejo, ya que es la propia obra donde se realizan todas las labores.

Su planta recta y su sección casi cuadrada muestran una tecnología muy simple, con un diseño estructural poco evolucionado, aunque funcionalmente válido, como lo demuestra el hecho de que la presa no se ha roto, pese a hallarse su vaso completamente colmatado. La construcción del muro-pantalla con dos hojas de características distintas, muy bien trabadas, una de las cuales sólo se extiende a lo largo de la parte más profunda de la vaguada, señala la intención de crear una estructura impermeable.

En definitiva, tanto las características constructivas de la presa de Moracantá desde el punto de vista tecnológico, como las de su diseño y localización implican una formación especializada. Esto supone, bien la presencia de un grupo productivo itinerante que construye presas; bien la de un director de obra con conocimientos específicos, que escogería la ubicación de la presa y dirigiría a los distintos talleres constructivos”.

Se ha puesto en relación con otros yacimientos romanos asociados al cauce del arroyo Guazalete, como el de la Dehesa de Villaverde (a unos 3,5 km al suroeste, en el límite entre los términos municipales de Sonseca y Villaminaya), con un puente romano por el que discurriría la calzada romana de Toledo a Córdoba, Vía 30 del It. de Antonino, Item a Laminio Toletum, y con el hallazgo en esta zona de tres inscripciones funerarias: en la Dehesa de Villaverde, en la Peña Panadera y en Los Casares, que permiten defender la ubicación aquí de una explotación agrícola atestiguada al menos desde el siglo I d.C. y que debió perdurar hasta el Bajo Imperio.

Dentro del mundo romano, en la comarca toledana de la Sisla, se han señalado, como singularidad, las presas que, como ésta, embalsan el agua de los pequeños ríos y arroyos con el propósito de abastecer a Toledo o de servir para el riego de los terrenos circundantes. Son numerosos los caudales originados en los Montes de Toledo, tributarios como afluentes o subafluentes del Tajo, cuyas aguas se aprovechan para el regadío; y, entre ellos, hay varios, en los que se conservan los restos de diques o presas y canales de construcción romana. Otras presas o «paerones», con sus correspondientes torres acuarias o de toma, y canales, se localizan en Casalgordo, Mazarambroz y Noez.

 

Información extraída del expediente de de declaración como Bien de Interés Cultural

Fuentes

[1] En el expediente de declaración como Bien de Interés Cultural de esta presa se ha utilizado, principalmente, la información procedente de la tesis doctoral de Dª Mª Luisa Barahona. BARAHONA OVIEDO, M. l. (2016): Estructuras de embalse (presas) y derivación (azudes) de épocas romana y altomedieval en la cuenca media del río Tajo, UNED. (http://e-spacio.uned.es/fez/eserv/tesisuned:ED-Pg-HHAT-Mlbarahona/BAR0AHONA_OVIEDO_MariaLuisa_Tesis.pdf)

Esta información, lógicamente, queda volcada también en este artículo.

 

 

 

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