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18 Junio 2022

La finalización del secular conflicto bélico con los musulmanes en la península, con la conquista de los últimos reductos del reino de Granada a finales del siglo XV, dio paso a muchos y muy diferentes proyectos artísticos, en los que desempeñarán un importante papel una pléyade de artistas extranjeros, que se convertirán en maestros de artistas españoles y que echarán duraderas raíces en nuestro suelo y constituirán incluso sagas familiares. Ante la escasez de talleres peninsulares de una cierta calidad, los referentes estéticos se centrarán sobre todo en lo que entonces se producía en Flandes, lugar desde el que también se importarán obras de arte masivamente. Con todo, los continuos intercambios entre lo flamenco y lo italiano harán que sean muchos los artistas nórdicos impregnados de los últimos resabios del goticismo, que viajen a Italia en busca de nuevos planteamientos estéticos, formales y estilísticos en la increíble cantidad y calidad de artistas y escuelas con que el Quattrocento regó la casi totalidad de la península transalpina, y que luego se trasladarán a otros lugares para desarrollar su arte.

De uno de esos artistas hablamos: Juan de Borgoña. 

 

La Anunciación. Juan de Borgoña y taller C. 1502-1505. Retablo mayor de la parroquia de la Santísima Trinidad de Alcaraz (Albacete). David Blázquez 
La Anunciación. Juan de Borgoña y taller C. 1502-1505. Retablo mayor de la parroquia de la Santísima Trinidad de Alcaraz (Albacete). Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. David Blázquez

 

No sabemos su nombre completo: tan solo su presunta región de procedencia, indefectiblemente unida a su nombre y convertida para siempre en su apellido. Tampoco nos ha llegado el año exacto de su nacimiento, por más que todos los autores que han tratado de su vida, hayan aventurado que éste tuvo que producirse en torno al año 1470, suponiendo que en ese 1495 en el que ya tenemos certeza documental de su estancia y trabajo en la Catedral de Toledo, había acabado en lo esencial un periodo de formación en el que son irrefutables las muchas deudas de su modo de hacer con respecto a lo que por entonces se producía en escuelas y autores de la Lombardía, la Toscana o la propia Roma, aunque todavía no hayamos podido conocer cuándo y en qué circunstancias viajó por Italia. 

Pero dejemos a los especialistas el rastreo de estas influencias italianas sobre esa base de formación flamenca y que, a fin de cuentas, conformarán decisivamente su personal estilo, y centrémonos ahora en lo que Borgoña va a suponer para el arte español a partir de su asentamiento definitivo en Toledo. En la entonces floreciente y pujante capital toledana vivirá durante las cuatro últimas décadas de su vida y desde ella apenas si se desplazará a localidades y provincias de su entorno, por más que se haya supuesto por algunos autores un poco probable segundo viaje a Italia entre 1505 y 1506, del que tampoco disponemos de pruebas documentales y en el que, si sucedió, se habrían consolidado las bases de su particular modo de hacer.

Sea como fuere, lo cierto es que Borgoña aparece en Toledo en 1495 pintando al fresco una historia en torno al tema de la Visitación de la Virgen en el claustro de la Catedral Primada junto a Pedro Berruguete, a quien se le ha vinculado tanto vital como estilísticamente y a quien se supone como mentor ante un arzobispo que precisamente en ese año había llegado al cargo: Francisco Jiménez de Cisneros. Tan solo tres años más tarde le vemos trabajando en el Teatro de la gran obra cisneriana, la Universidad de Alcalá de Henares, en un año en el que también sabemos que se casa por primera vez en Toledo, lo que arraigará su definitiva vinculación con la ciudad.


Muy poco después, en el primer lustro del nuevo siglo, lo encontramos ya plenamente asentado en la Catedral Primada, participando en el policromado del altar mayor y acometiendo algunos trabajos menores y restauraciones, pero también aceptando los generosos encargos de Juan de Salcedo y Luis de Daza para ejecutar, respectivamente, los magníficos retablos de la Concepción y la Epifanía.

 

Tríptico de la Última Cena. Juan de Borgoña. C. 1511-1514.  Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo
Tríptico de la Última Cena. Juan de Borgoña. C. 1511-1514. Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. David Blázquez.

 

También en estos años se fecharía muy probablemente el retablo del convento dominico de la localidad conquense de Carboneras de Guadazaón, otro retablo para la Colegial de Santa María de Talavera de la Reina del que se conservan dos grandes tablas en el Museo de Santa Cruz de Toledo,  sendos retablos para la parroquia de Santa María de Illescas y de la parroquia de la Magdalena de Toledo… y los datos documentales del libro de fábrica de la parroquia de La Trinidad de Alcaraz, según ha demostrado Pretel, prueban que en estos mismos años contrata y realiza el retablo alcaraceño, que se integra de este modo en el corpus de obras de Borgoña.

 

Llanto sobre Cristo muerto (La Piedad). Juan de Borgoña y taller C. 1502-1503. Iglesia parroquial de Santa María, de Illescas (Toledo)
Llanto sobre Cristo muerto (La Piedad). Juan de Borgoña y taller. C. 1502-1503. Iglesia parroquial de Santa María, de Illescas (Toledo). Junta de Comunidades de Castilla-La  Mancha. David Bláquez 


Excesivo trabajo para un solo artista, por lo que es evidente que tuvo que emplear a un número cada vez mayor de aprendices y ayudantes, cuestión esta que una vez más deberemos dejar a los estudiosos de su estilo. Sea como fuere, a partir de entonces asistimos a su definitiva consagración: fallecido Pedro Berruguete en 1503 y habiendo dejado sin acabar el pintor palentino el Retablo Mayor de la Catedral de Ávila que se había comprometido a hacer en 1499, Borgoña es contratado en 1508 para finalizarlo, ejecutando cinco espléndidas tablas, en un trabajo que es el precedente directo del gran encargo cisneriano y la obra por la que es más reconocido: los impresionantes frescos de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo, realizados entre 1509 y 1511. También para la catedral, también al fresco y de muy poco después (1510-1514) son sus decoraciones para la Capilla Mozárabe, pinturas de carácter histórico dedicadas a la conquista de Orán, en la que participó Cisneros en persona. Del mismo modo, otra obra importante pero desgraciadamente desaparecida, será la decoración al fresco de la Librería o Biblioteca de la Catedral, realizada entre 1516 y 1519, que debió de ser equiparable a lo realizado en la Sala Capitular. En estos mismos años (hacia 1511-1514) también se fecharía el tríptico de la Última Cena, encargado por el racionero Alonso de Salcedo.

El prestigio alcanzado en estas obras hace que su producción no se resienta especialmente tras la muerte del cardenal en 1517, y los encargos no dejarán de sucederse uno tras otro: los retablos de la parroquia de San Andrés (realizados sobre todo por su discípulo, Antonio de Comontes), el de Camarena, el del convento madrileño de Santo Domingo el Real y muchos otros de los que nada o muy poco nos ha quedado, o que lisa y llanamente se quedaron sobre el papel, como el proyectado en 1525 para la iglesia del monasterio de Guadalupe. El círculo se cierra con el retablo del toledano convento de San Miguel de los Ángeles, contratado a finales de 1531 y que hoy se halla parcialmente ubicado tras la imagen de la Virgen de la Almudena, en la actual basílica de la patrona de Madrid, y con el primitivo retablo de la Colegiata de Pastrana (Guadalajara), realizado en sus últimos años, del que tan solo nos ha quedado un magnífico “Descendimiento”, hoy conservado en el extraordinario Museo Parroquial de Tapices de la localidad alcarreña.

 

El Descendimiento. Juan de Borgoña y taller. C. 1534-1536. Museo Parroquial de Tapices de Pastrana (Guadalajara)
El Descendimiento. Juan de Borgoña y taller. C. 1534-1536. Museo Parroquial de Tapices de Pastrana (Guadalajara). Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. David Blázquez 

    

Los estudiosos de su arte coindicen en que su estilo se caracteriza por el sentido amable de las composiciones y el cuidado que pone en la simetría, que dan paso a una idea decorativa de la pintura, en la que destacará su gusto, eminentemente clásico, por los escenarios arquitectónicos amplios e iluminados por una luz clara, y en los que las personas se mueven con comodidad y elegancia, controladas por una aplicación de la perspectiva que domina sin aparente esfuerzo.

Sus cuarenta años de trabajo en Toledo, hasta su muerte en 1536, y la repercusión de su obra y de la de sus seguidores en la pintura castellana hasta prácticamente el último cuarto del siglo XVI (con la llegada de El Greco a la ciudad), obliga a considerar a Juan de Borgoña como uno de los pintores más importantes del Renacimiento español, con creaciones que hallamos esparcidas (aunque no en excesivo número) por colecciones privadas y museos, tanto nacionales como extranjeros. 

En 2020 al llevar a cabo unos trabajos de restauración del retablo mayor de la iglesia de la Santísima Trinidad de Alcaraz de Albacete, se realizó un gran descubrimiento que nos aproxima a la primera etapa de producción en España de este gran maestro oculto, Juan de Borgoña. Ocho tablas escondidas bajo pinturas barrocas, dedicadas a la vida de la Virgen  María y Jesús y 18 esculturas, entre las que destacamos para esta ocasión: 

 

La Presentación en el Templo. Juan de Borgoña y taller. C. 1502-1505 Retablo mayor de la parroquia de la Santísima Trinidad de Alcaraz (Albacete)
La Presentación en el Templo. Juan de Borgoña y taller. C. 1502-1505. Retablo mayor de la parroquia de la Santísima Trinidad de Alcaraz (Albacete).Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. David Blázquez 

 

 

La Misa de San Gregorio. Juan de Borgoña y taller. C. 1502-1505. Retablo mayor de la parroquia de la Santísima Trinidad de Alcaraz ( Albacete) .
La Misa de San Gregorio. Juan de Borgoña y taller. C. 1502-1505.Retablo mayor de la parroquia de la Santísima Trinidad de Alcaraz ( Albacete) .Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. David Blázquez 

 


Tras las restauraciones , entre el 23 de marzo y el 26 de junio de 2022 se ha realizado la exposición “Juan de Borgoña. Un maestro oculto”, en el Museo de Santa Cruz de Toledo, donde se puede observar la muestra mas importante realizada sobre el artista. 

Sin duda, su descubrimiento ha sido uno de los grandes acontecimientos artísticos de esta década. A partir de la clausura de “Juan de Borgoña. Un maestro oculto”, las 8 tablas y las 18 esculturas que forman parte de esta exposición regresarán a su lugar de origen, la Iglesia de la Santísima Trinidad de Alcaraz (Albacete). 

Autor: 
José Domingo Delgado, Historiador de Arte y coordinador de la Exposición

 

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