Para empezar...
El 18 de junio de 2019 tenía lugar el acto de presentación de la publicación Pascual, el último “corrionero” (Editorial Altabán - librería Popular), en el salón de actos del Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete (MCA). Este trabajo de investigación, realizado por Jesús Ortega Murcia (hijo de Pascual), ocupa un espacio no atendido hasta esos momentos, dado que el proceso de elaboración de las fundas de cuero para cuchillos de monte, la confección de los cintos utilizados por los vendedores ambulantes de navajas y cuchillos y su evolución, desde finales del siglo XIX, no se había contemplado en ningún tratado o publicación. Se ha escrito mucho sobre la cuchillería en Albacete, pero nada sobre quién confeccionaba las fundas de cuero o el arte de proteger al comprador del filo del cuchillo y poderlo transportar de un lugar a otro sin miedo a cortarse.
Este artículo pretende dar a conocer el oficio de corrionero, su vinculación con los oficios artesanales de guarnicionero y talabartero y reconocer al último corrionero como parte integrante, gracias a sus cintos y fundas de cuero, en la construcción de una de las señas de identidad de la ciudad de Albacete.
Las dos producciones básicas de Pascual fueron las fundas de cuero para cuchillos de monte, en sus diferentes variedades (normales o plegables), y los cintos para los cuchilleros vendedores ambulantes de cinto, su escaparate o muestrario. Él fue el único que los confeccionaba, dado el sistema y modelo en su elaboración, según la investigación realizada. Se pasó de una correa de sujeción al cuello a dos correas (idea del cuchillero Miguel Verdejo y Pascual, al tomar como referencia las trinchas del correaje militar) y de pocos niveles a cinco, con cinco o seis departamentos o bolsillos cada uno; cada nivel es un centímetro más largo en su parte inferior lo que permite una apertura en fuelle y su llenado de navajas en progresión (de pocas y las más pequeñas a mayor cantidad y las más grandes junto con los cuchillos en sus fundas de cuero).
El oficio de carrionero
Una de las referencias documentales del oficio de corrionero está recogida en el Vocabulario de Comercio Medieval del legado del historiador y medievalista D. Miguel Gual Camarena; lo define en una ficha manuscrita como: el oficio que se dedica a la “elaboración de cintos, bajoletas, aciones, riendas, cabazadillas, látigos, coyuntas, aljavas, petrales, chapas, hebillas, etc.”. Estos productos están relacionados con las guarniciones, enganches o aperos que se colocaban o complementaban a las caballerías de tiro, carga o monta; todos ellos elaborados en cuero, en su gran mayoría. Los vocablos empleados en diferentes partes del territorio de la península ibérica eran: corrionero, correonero o correero.
En el “Libro de los oficios” de Hartmann Schopper (grabados por el alemán Jost Amman), edición facsímil de la primera latina (Fráncfort del Meno, 1568), se nombra a “el correero” (fabrica cinturones, cintos, cinchas soldados…) en las páginas 149-150 y en las páginas 199-200 aparece “el guarnicionero” (fabrica monturas para caballos).
Ángel Vaca Lorenzo, recoge en su trabajo sobre “Las ferias de Salamanca en la Edad Media y sus fuentes documentales” (Salamanca, 2013), en la página 12, escribe los oficios presentes en la feria de Teso de 1497 (su celebración era en el mes de junio), y cita a los diferentes oficios artesanos salmantinos, entre los que incluye a los corrioneros.
Teudiselo Chacón Berruga, en su libro “El habla de La Roda de La Mancha” (contribución al estudio del habla manchega), en el Capítulo XII (Los oficios), indica en la página 215 que “al guarnicionero se le conoce más por el corrionero” (García Soriano, Justo. 1932).
Carmina Useros y Manuel Belmonte, en su publicación de 1973 “En busca de la artesanía de Albacete”, recogen que había catorce establecimientos de guarnicionería en toda la provincia; de los cuales, solo los de Albacete, Elche de la Sierra e Higueruela realizaban fundas de cuero para cuchillos de monte y machetes. En concreto, en Albacete, solo fabricaban fundas el establecimiento de Constantino F. Guijarro (regentado por su hijo) en la plaza Mateo Víllora -las cosía a máquina-, y el taller familiar de Pascual que las cosía a mano (en las calles Marzo y Cruz).
José Salustiano Serna, recoge en su diccionario manchego “Como habla La Mancha” (1983) el vocablo corrionero (De correa, y éste del latín corrigía): m. El que hace o vende guarniciones para caballerías, guarnicionero (página 119).
El oficio de corrionero tiene su equivalencia al de guarnicionero y, posteriormente en el siglo XVIII, al de talabartero. Los tres oficios trabajan de forma artesanal y emplean el cuero como materia prima. El corrionero y el guarnicionero elaboraban y elaboran las guarniciones para las caballerías (albardas, aparejos o arreos y monturas); el corrionero estaba más especializado en la realización de todo tipo de correas y cintos. El talabartero emplea cueros más finos y realiza producciones más delicadas y decoradas (zahones y monturas) con troquelados, cosidos con tiretas, ribetes de dibujos cosidos o rehundidos… El corrionero y el guarnicionero se dedicaban más a la guarnición de los arreos o paramentos para carruajes, carros y animales de caballería.
El material por excelencia del corrionero y guarnicionero es el cuero (piel curtida de bovino). El material empleado para la confección de las fundas para los cuchillos de monte es la variedad vaqueta o vaquetilla (piel de ternera de color natural o marrón). También se emplean badanas (piel de oveja o cabra, suave, delgada y de varios colores: natural o teñida). El cuero se vende por faldas u hojas enteras o mitades y la pieza se mide por pies cuadrados (30 x 30 cm). Otros materiales empleados son: el escay, material sintético que imita al cuero; la lona (variedad cabeza de toro), tejido grueso y resistente de algodón; hilo bramante de cáñamo o de poliéster encerado; cuerdas, taco de cera o cerote; hebillas, remaches, automáticos o broches de presión, ojetes, tachuelas, pegamento de contacto, clavos gabarrotes…
Las herramientas básicas utilizadas son: cuchillas de media luna, uñeta y chifla; tabla de coser; lezna; agujas de guarnicionero; tijeras; martillo y yunque; ruleta de marcar puntos; compás regulador; matacantos; tenazas y alicates con diferentes funciones; sacabocados y troqueles; regladores de madera o rayadores…
Los productos básicos que elaboran son los relacionados con las guarniciones o enganches para las caballerías (atalajes, arreos o aperos), bien de tiro o carga (carro de varas, galera, calesa, carruajes) o bien de monta. Las guarniciones de tiro o carga pueden ser: cabezal o cabezada, albarda, collera y collerón, horcate, tiros, barriguera, cincha, silla o silleta, riendas, lomeras, retranca… Otros productos son: sillas de montar (en la variedad española o vaquera), bozales, zahones camperos, zurrones, morrales, bolsos, carteras, cinturones, cananas, chalecos de caza, fundas de pistola y de escopeta, asientos de silla de caza y pesca…
La mecanización progresiva de las faenas agrícolas, a partir de los años sesenta, y la desaparición paulatina de las caballerías (asnos, mulas y caballos) como apoyo imprescindible para su realización, hicieron que estos oficios, primero el de corrionero y, posteriormente, el de guarnicionero y talabartero, perdieran su funcionalidad y presencia como oficios artesanales. Algunos guarnicioneros y talabarteros sobreviven gracias a los artículos de caza y equitación, y en aquellas zonas donde el caballo está presente como parte de su cultura (Andalucía).
El último carrionero
El trabajo de investigación que recoge la vida del último corrionero de Albacete, su entorno laboral, sus producciones, su relación con la cuchillería de Albacete está reflejado en la publicación Pascual, el último “corrionero”. Consta de dos tomos, agrupados en una carpeta cinto. En el primer tomo recoge un breve apunte biográfico de Pascual Ortega Izquierdo (1912-1991). Pascual siempre se consideró corrionero. Incluye la definición de los tres oficios relacionados y vinculados: corrionero, guarnicionero y talabartero; los materiales, herramientas y producciones. Posteriormente, se hace una descripción detallada de cómo se elaboran las fundas de cuero para diferentes cuchillos de monte; el cinto, su confección y su evolución a lo largo de su historia. En el capítulo VIII, se enumera las diferentes manifestaciones culturales de nuestra ciudad que recogen la figura de los cuchilleros vendedores de cinto: dibujo, pintura, fotografía, escultura, cartel de Feria, narrativa, poesía, prensa, música… Finalmente, incluye un glosario de todos los términos empleados en los tres oficios artesanales, la bibliografía utilizada y un anexo denominado álbum familiar.
En el segundo tomo incluye, a través de diferentes anexos, las representaciones iconográficas, artísticas, literarias y educativas (tarea integrada) que contemplan a los cuchilleros vendedores ambulantes de cinto.
Le metodología de investigación consistió en establecer un marco de referencia teórico y justificativo de estos tres oficios artesanales, sobre todo, el de corrionero, y su presencia en la historia y territorialización, a través de un trabajo de búsqueda de datos en los diferentes archivos de nuestra ciudad. Paralelamente, se realizaron más de catorce entrevistas relacionadas con la temática del libro y su contexto. En tercer lugar, se llevó a cabo un trabajo de recopilación de la presencia del vendedor de cinto en los diversos ámbitos de la cultura.
Es una publicación que tiene dos grandes objetivos: servir de homenaje y reconocimiento a la figura de Pascual, el último corrionero de nuestra ciudad y, a su vez, servir de homenaje a más de ochenta cuchilleros vendedores de cinto: desde el primer vendedor que se tiene referencia escrita, Gabriel Sarrión, en 1874, pasando por Antonio Zafrilla, Francisco Arcos y Antonio Sánchez, que consiguieron las primeras licencias de venta en la antigua estación de ferrocarril de Albacete; “El Gazpacho”, “El Raco” y “El Tío Trabillas”, recogidos en la foto de Luciano Roisin; José Sáez Cruz “Pepe el Gordo” y sus hijos Bienvenido, Juan José y Jesús Sáez; la familia de los “Picatorres”: Ángel Royo Giménez, Ángel Royo Panader y Fernando Royo Piña… hasta llegar a los dos últimos vendedores de cinto en la estación de ferrocarril: Amador Carcelén Corredor “El Bocha” (1987, fue su último año de venta) y José Herráez Verdejo “Fati” (en 1996). El 95% de los vendedores de cinto tenían su propio taller de cuchillería, muchos de ellos ubicados en las gorrineras de las casas comunales en las que vivían; allí fabricaban las navajas que luego intercambiarían con otros cuchilleros y, posteriormente, colocadas en su cinto, venderían a los viajeros.
A lo largo de más de 120 años han tenido su presencia en posadas y paradas de autobús y en la estación de ferrocarril. Sus intereses chocaban, en muchas ocasiones, con los intereses de la Compañía ferroviaria MZA y, posteriormente, RENFE que les denegaba su presencia en el interior de la estación. Siempre han sido perseverantes porque en ello les iba la supervivencia de su familia. Gracias a ellos, a sus pregones y ventas, dieron a conocer nuestra ciudad y la industria artesanal de la navaja.
En este camino los acompañaba Pascual. A gran parte de los cuchilleros de Albacete les fabricaba todo tipo de fundas de cuero y, en exclusividad, fabricaba los cintos para la venta de las navajas y cuchillos (se conservan ocho confeccionados por él). El MCA posee un cinto donado por “El Bocha”, repleto de navajas y cuchillos, y tres fundas de material como ejemplos: una funda especial de cuero marrón para un cuchillo de monte, con canguro de los hermanos Expósito (1960), y dos fundas de cuero para dos cuchillos de monte plegables.
Pascual, cuando regresaba de su trabajo y, sobre todo los fines de semana, se dedicaba a suministrar de fundas a diferentes cuchilleros (en algunos casos se contaban por cientos). Las cosía todas a mano, como buen artesano y, en algunos casos, con ayuda de su hijo mayor Pascual (su precio oscilaba entre 4 y 6 pesetas la unidad, según su tamaño y modalidad). En muchas ocasiones y, cuando el pedido era numeroso, se levantaba a las tres de la madrugada a coser, finalizando a las ocho, hora de ponerse en marcha para irse al taller de la calle San Antonio, donde trabajaba como oficial. Posteriormente, ya en la calle Cruz, se vio obligado a utilizar la máquina para coser algunos tipos de fundas, dado que la competencia las cosía con este procedimiento y ofrecía su venta a un precio más barato (taller de guarnicionería regentado por el hijo de Constantino F. Guijarro, situado en la plaza Mateo Víllora, 7). Para ello, contó con la colaboración, como siempre, de su mujer Blasa y, posteriormente, con la ayuda de su hija Nieves y su hijo José Luis.
Cuando había pedidos considerables toda la familia colaboraba para cumplir los plazos de entrega (sobre todo, por la tarde-noche, a la salida del trabajo). La ayuda consistía en trazar (con el patrón) sobre la falda de cuero la funda elegida, cortar, coser, rayar con el reglador de madera, sacar brillo a los cantos, poner remaches o automáticos para las correas… Hasta algún amigo de su hijo Pascual, Miguel, ¡participaba en la línea de fabricación! Con la bicicleta Orbea, su hijo Francisco, llevaba los encargos a “Los Bartolos” que tenían el taller en el barrio La Estrella, también llamado Cerrico la Horca.
Para encargos especiales de cuchillos de exposición y concurso las hacía completamente a mano y con gran esmero. Diseñaba el patrón sobre cartón (caja de camisas), lo trasladaba a la falda de cuero, lo cortaba con la cuchilla de media luna, cosía las piezas con dos agujas e hilo bramante de cáñamo previo encerado con e,l cerote, para que se deslizara bien, adornaba con el reglador o rayador, sacaba brillo a los cantos, colocaba los remaches o los automáticos para la trabilla, previamente hacía los agujeros con el alicate sacabocados y, finalmente, las adornaba con alguno de sus hierros o troqueles de estampación (tenía varios y eran su firma de artesano).
Pascual “El Corrionero” representa el trabajo constante, bien hecho que culmina con la maestría y el dominio de todas las competencias que debía tener en su oficio. Tuvo como maestro guarnicionero a Joaquín Íñiguez González (1901-1960). Era corrionero, como así se definía él; guarnicionero en los documentos oficiales y de identidad personal; y talabartero, según consta en la licencia de apertura del taller (con anterioridad a 1934) en el que trabajó durante 51 años -casi toda su vida-.
Fue un artesano en toda regla; nunca aprendió a coser a máquina -eso se lo dejó a su mujer y a sus hijos-; siempre cosía a mano, con su tabla, la lezna y dos agujas. Los cintos los fabricaba con lona de color verde, principalmente, cuero para las correas, escay para proteger el frontal, hebillas de coscojo, remaches y su cosido a mano de todas las piezas que lo integran.
Era una persona muy activa; trabajaba sin límite: corrionero, matarife -en ocasiones-, acomodador y controlador de puerta de sombra en la plaza de toros; portero en la Caseta de los Jardinillos y en los Festivales de España en el parque Abelardo Sánchez. Fue una buena persona, amigo de sus amigos, desprendido, voluntarioso y un gran padre de familia que se desvivía por proporcionar a su mujer y a sus siete hijos (cuatro) e hijas (tres) todo lo necesario; todo ello, lo convirtieron en una persona singular y única. Una persona alegre y sonriente, tranquilo y con templanza, cargado de anécdotas y generoso. Cuando hablaba emitía sentencias que llamaban la atención. Falleció el 25 de abril de 1991. Pascual, “el corrionero”, siempre.
A modo de resumen...
El cinto y su evolución
• El cinto está relacionado con un fajín o cinturón (faja o ceñidor: prendas de la indumentaria tradicional de la época). Madrid 1873: faja-escaparate.
• Utilizaban fajín o pañuelo, dividido con pequeñas tablillas y protegido con papel.
• Primeras imágenes con el cinto tradicional: 1921 (Jesús Sáez); revista Lecturas, 1922 (Ángel Royo “Picatorres”); 1923, fotografía de Luis Escobar; 1930, fotografía de Luciano Roisin.
• Cinto de 1926 del cuchillero Martín Martínez (donación al MCA).
• Pascual “el Corrionero”, comienza a elaborar cintos a finales de los años 40 (1947, cinto “El Bocha”; 1950, cinto “Fati”).
• A finales de años sesenta, Miguel Verdejo y Pascual Ortega introducen las dos correas de sujeción al cuello.
Vendedores de cinto.
• La presencia de un vendedor de cinto en la estación de “ferro-carril” de Albacete se remonta a 1866.
• Primer vendedor de cinto que se tiene constancia escrita fue en 1874: Gabriel Sarrión.
• La Compañía MZA dictó instrucciones de limitación de vendedores.
• Unos sí y otros no. Con licencia de venta: Antonio Zafrilla, Francisco Arcos y Antonio Sánchez. Conflicto.
• La Compañía MZA hace la vista gorda. Comercio en los andenes con sus fajas-escaparate y, posteriormente, sus cintos.
• Debido al excesivo número de vendedores, Renfe decide limitar su presencia.
• Normas y obligaciones (“Fati” 1959).
• A comienzos de 1970, Renfe prohíbe la venta en el interior de la estación.
• Un acontecimiento que evita un accidente ferroviario condiciona el abrir la mano a los vendedores de cinto. Turno de día y noche.
• Pero... En la década de los 70 comienza su decadencia (debido a: tiempo de parada y modelo de tren).
• Otro hecho negativo es la autorización de una tienda de venta de navajas. Conflicto.
• En 1981 se dicta un nuevo reglamento de armas que afecta a la cuchillería.
• Los últimos vendedores de cinto: “El Bocha” (1987) y “Fati” (1996). Relación
de 80 vendedores de cinto.
Autor: Jesús Ortega Murcia. Albacete (Albacete). Maestro jubilado