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Historia de la Feria de Albacete

Siglos XV - XVIII

Las fuentes históricas sobre la existencia de una Feria, o mercado regular, la sitúan en el siglo XV, al final de la calle que con este mismo nombre transcurría desde el cerrillo de la iglesia de San Juan a las eras de Santa Catalina.  El comercio, en forma de las sucesivas Ferias, supuso un motor para la economía eminentemente agrícola y ganadera. 

Junto con la tradicional atención a viajeros y comerciantes, en el comienzo del siglo XVI, surgieron artesanos y especialmente cuchilleros.. En esta centuria la trama urbana se expande hacia Feria, con conventos, palacios y posadas.

En 1672 se fundó el Convento Franciscano bajo la advocación en la Virgen de los Llanos y una década después requirió la celebración en sus aledaños de la Feria hasta entonces congregada en la eras de Santa Catalina.

Durante el siglo  XVIII, Albacete padeció a la escasez de cosechas, las fiebres palúdicas, las plagas de langosta y, por si esto fuera poco, a la guerra de Sucesión, tomando partido por Felipe V. La ciudad además de soportar el paso de las tropas entregó en 1707, los consabidos diez caballos al ejército borbónico. 

Varias fueron las corporaciones peticionaras de una garantía jurídica para con la Feria y, el seis de marzo de 1710, ya por insistencia o por los caballos antedichos, recibió del monarca Felipe V la concesión para celebrar en las cercanías de la ciudad, una Feria durante cuatro días, desde el 7 al 11 de septiembre. 

Los frailes atentos a la pérdida de una financiación segura desoyeron los preceptos terrenales y durante años asistieron los mercaderes a una “Feria dividida”.  Terminando la década de 1740, tanto las autoridades religiosas como las civiles recriminaron las acciones de los conventuales, manteniendo el comercio en los muros de Los Llanos.  Poco después  Carlos III autorizaba al Concejo de Albacete para que utilizase cuantas dependencias del convento fuesen necesarias para la celebración de misas en honor de la Virgen de los Llanos, patrona de la villa.  

La ciudad recuperó la Feria dotándose de un edificio propio y exclusivo en el lugar mantenido durante siglos: las eras de Santa Catalina. En agosto de 1783, el Concejo de Albacete acordó construir “las nuevas obras que han de servir para celebrar la Feria”, con arreglo a los planos hechos por el Maestro Arquitecto Josef Jimenes. Las obras del círculo interior duraron 33 días y los mercaderes se instalaron cerca de la población con mejores dotaciones de agua y seguridad. 

La Gaceta de Madrid de seis de febrero de 1784 recogió el permiso concedido por el Consejo Real para establecer el lugar de la Feria en las eras de Santa Catalina, validando así la opción acometida por los albaceteños.   

La Feria de Albacete en la época ilustrada, recibió un fuerte impulso en un ambiente económico mercantilista, de protección manufacturera y fuerte tracción comercial emanada de la Junta de comercio, moneda y minas. La pacífica llanura concitaba a comerciantes valencianos, murcianos, andaluces y del resto de la Mancha. Algunos de aquellos comerciantes, en otra constante en Albacete, se establecieron definitivamente en la ciudad. 

 

SIGLO XIX

Entre 1808 y 1813 Albacete soportó el paso frecuente de las tropas francesas entre el centro y levante, coincidiendo con unas crisis de subsistencias. Cuando terminó este tortuoso peaje la Gaceta de Madrid el 19 de agosto de 1813, daba en dos escuelas líneas la noticia de que la “antigua Feria de Albacete…  durará como antes, quatro días”.

La Provincia de Albacete constituida en 1.833 y al año siguiente la Audiencia Territorial ampliaba la jurisdicción sobre Cuenca, Ciudad Real y Murcia, además de su propio territorio provincial confirmando la tradición jurídica de la ciudad. 

En plenos años de “moderación” política desde el gobierno nacional, contaban en la Capital del Reino, por medio de la Gaceta de 19 de septiembre de 1844, como había resultado la celebración de la feria septembrina: 

“La Feria ha concluido y con ella la animación y el movimiento que sólo experimenta la capital en semejantes días… El último [día] … ya ha realizado el mercader todos sus negocios y carga sus fardos para ausentarse con ellos. El labrador o propietario ha hecho las compras, ventas o cambios que intentaba o se le han proporcionado; abastece su casa de los géneros y útiles que necesita para el consumo del año; y más o menos satisfecho del suceso que han tenido sus especulaciones en la Feria, se retira calculando el modo de agenciar más en la venidera.

Los curiosos y los farsantes a quienes ya no ofrece incentivo ni interesa la permanencia en este pueblo, lo dejan igualmente; de modo que esa ciudad grande, bulliciosa llena de movimiento y de vida que acaba de aparecer, como por magia , como por magia también desaparece….”

A mediados del siglo XIX, la urbe se expande hacia el norte y a lo largo de la novedosa Estación de Ferrocarril. 

En 1862, Albacete se convertía oficialmente en ciudad. Al año siguiente los albaceteños dejaron de ver una puerta de acceso a la Feria de madera y pintada de verde, cambiada por otra mas lujosa de hierro. También por aquellos años lo que pasaba en Albacete debía interesar en la capital del reino. La revista “El Museo Universal” de Madrid, en su número 47 de 25 de noviembre de 1866 recoge una crónica firmada por Eduardo López y González, parte de cuya arenga increpaba así: 

“Abandonad tiendas y tenderos, lanzaos al paseo de la Feria en busca de fuertes impresiones de viaje, de profundas emociones, de trágicas historias, de horrores de naufragios, de guerras navales, etc. Por la mísera cantidad de cuatro cuartos disfrutad de tan sabrosos esparcimientos en los ambulantes cosmoramas que os salen al paso. 

Ese mismo año de 1866 se construyeron puestos comerciales adosados al muro de la derecha del edificio, para avituallamiento del personal de la cuerda. Con el tiempo se transformaron en viviendas para los mas necesitados. 

Entre 1875 y 1877 se construyó un kiosco en el circulo interior, después de varios proyectos y construcciones efímeras, que nada tiene que ver con el levantado en 1912, con dos cuerpos y tejado de pizarra.

El reglamento para el Régimen y gobierno de la Feria de la ciudad de Albacete de 1882, describía para el círculo interior 132 puestos, por los que los “forasteros” tenían que abonar 28 pesetas frente a las 21 que podrían pagar los vecinos de Albacete. 

La energía eléctrica llegó a la Feria en 1889, se sustituyeron los candiles, velas y carburos por una brillante luz, que alargó la  jornada de comercio y divertimento.  Este año el alcalde Andrés Collado Piña inició una reforma y eliminó los restos de materiales y elementos que aun quedaban del Convento de los Llanos, abrió las dos puertas laterales e instaló columnas de hierro en las galerías laterales de los puestos, siguiendo la preferencia por este material visto en el Teatro-Circo y en la escalera de la Diputación. 

SIGLO XX

La Feria del siglo XX evolucionó de la cuerda ganadera a la maquinaria agrícola y, en sus últimas décadas, a la orientación lúdica y la proyección turística. 

La preocupación por el aspecto ganadero impelió  elaborar un Reglamento y programa del Concurso de Ganados que se celebraba durante la Feria. Los premios del año 1911 establecían 150 pesetas para sementales y cincuenta mas por “un par de mulas muy bien domadas”. 

En 1912 el antiguo kiosco central se remodeló por parte del Arquitecto municipal Daniel Rubio. Un octógono de cúpula redonda con una galería voladiza y una estrecha escalera de caracol. En 1915 quedó ampliado el arco central de entrada al recinto, a fin de facilitar el acceso a los aficionados taurinos que pronto dispondrían de una nueva plaza de toros. 

Durante la II República alcanzó la Feria la declaración de utilidad comercial nacional según orden del Ministerio de Industria y Comercio, fechada el 22 de julio de 1933.   

Seis años después y tras el retroceso por la guerra civil, una Orden Ministerial autorizaba “la celebración de la Feria Regional de Muestras” en Albacete, haciéndola coincidir con los tradicionales diez días septembrinos.

La Feria prosperaba y en 1944 dio comienzo una necesaria remodelación propuesta y ejecutada por el arquitecto Julio Carrilero Prat. Se derruyeron las viviendas adosadas en la parte derecha, el paseo central del rabo de la sartén se amplió, edificándose dos grandes pabellones, algunas edificaciones elevaron su altura, los círculos comerciales se ampliaron… 

El cartel de Feria de 1969 ostentó el título de “Feria Declarada de Interés Turístico”. En abril de 1970 la Sociedad Amigos de Albacete S.A., presentaba a la sociedad albaceteña, el “Proyecto de Parque para Ferias y Exposiciones”, con una propuesta de remodelación conjunta de Manuel Carrilero. 

En 1972 comenzó a celebrarse la Feria taurina mas dilatada, diez días nada menos, y que hasta hoy perdura. En septiembre de aquel año, Manuel Carrilero de la Torre concluía un plano general del  Proyecto de “Nuevas Instalaciones Parque y Urbanización, Restauración y Ampliación del Conjunto Ferial”. Se trata de un plano de grandes dimensiones que comprende todo el paseo, Plaza de Toros, Jardinillos, varias propuestas de edificios hoteleros, paraninfo, etc… y un paso subterráneo frente a la puerta principal. Bajo el mandato del alcalde Ramón Bello en 1974, se llevó a cabo la reforma ferial que comprendió las nuevas puertas con los tres arcos, que hoy conocemos.

Ya en democracia el alcalde Salvador Jiménez consiguió (1979) otro reconocimiento para la feria: la declaración de interés turístico “nacional”. En 1986, durante la alcaldía de José Jerez tuvo lugar otra remodelación que afectó especialmente al círculo interior, con la adecuación de las arcadas de acceso lateral y la sustitución de las columnas de hierro forjado. A finales de esa década se suprimió el título de “Reina de la Feria” por el de “Manchega”. Con la idea de relanzar la Feria internacionalmente, el Alcalde Manuel Pérez Castell promovió la celebración del III Centenario de la Feria en 2010.

Antonio Caulín Martínez

En el apartado de Archivos Relacionados puedes disfrutar de un enlace de la exposición realizada con motivo de la celebración del III Centenario de confirmación de la Feria de Albacete y realizada por el Archivo Histórico Provincial de Albacete  y el Archivo Municipal de Albacete y con el diseño de José Carlos Molina . Trescientos años de historia  a través de sus documentos 1710-2010

 

Exposición