Plano, Alzado y Perfil de la Ermita de San Roque (Guadalajara). Documento del mes de agosto de 2026 en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara.
PLANO, ALZADO Y PERFIL DE LA ERMITA DE SAN ROQUE (Guadalajara).
Protocolo notarial (AHPGU. P-939). Escribanía de Antonio Manuel de Acosta. 1734, Guadalajara.
Entre los documentos que integran los protocolos notariales se conservan piezas que transcienden el mero contenido jurídico de las escrituras y se convierten en valiosos testimonios para la historia de nuestras ciudades como auténticas joyas gráficas. Es el caso del plano, alzado y perfil de la ermita de San Roque de Guadalajara, incorporado a una escritura con motivo de la contratación de las obras de reedificación de este edificio religioso. Más que una simple ilustración, este dibujo es un documento de gran interés histórico, artístico y documental, no sólo por la calidad de su representación gráfica, sino porque constituye un ejemplo de cómo los protocolos notariales conservan información fundamental para conocer la evolución del patrimonio arquitectónico.
La ermita de San Roque, que aún se conserva en la actualidad, se levanta en el extremo oriental del parque que lleva su nombre, uno de los espacios verdes más emblemáticos de la ciudad de Guadalajara. Su emplazamiento, junto al paseo de San Roque, hace que siga formando parte del paisaje cotidiano. La devoción a este santo, tradicionalmente invocado como protector frente a las epidemias, experimentó un gran desarrollo desde finales de la Edad Media. Durante los siglos XVI y XVII, las sucesivas crisis sanitarias favorecieron la fundación de ermitas y hospitales bajo su advocación, generalmente situados en las afueras de las poblaciones y concebidos como espacios de culto y protección espiritual. Con el paso del tiempo, la ermita se convirtió en un lugar de referencia para los habitantes de la ciudad y un escenario de celebraciones religiosas vinculadas a la devoción del santo.
El dibujo forma parte de una escritura de obligación otorgada en la ciudad de Guadalajara en 1734 ante el escribano Antonio Manuel de Acosta. Como ocasionalmente ocurría en los contratos de arquitectura de la Edad Moderna, el acuerdo iba acompañado de una traza o diseño que definía con exactitud cómo debía realizarse la intervención. En los contratos de obras, estos documentos gráficos tenían plena eficacia jurídica, dado que servían como modelo para los maestros de obras y permitían exigir el cumplimiento de lo pactado entre las partes; así el edificio debía ejecutarse conforme al modelo representado, evitando posibles discrepancias entre el promotor y los maestros de obras. Su incorporación al protocolo notarial garantizaba, además, su conservación y autenticidad.
La traza fue realizada por Mateo José Barranco, maestro de obras del Ayuntamiento de Guadalajara. Su intervención evidencia que la elaboración de este tipo de dibujos requería conocimientos técnicos especializados y recaía en profesionales cualificados, capaces de trasladar al papel, con precisión, las soluciones constructivas que debían respetarse.
La documentación notarial permite conocer también aspectos de la ejecución de la obra de la ermita. Su construcción fue adjudicada mediante el sistema de subasta al maestro de obras Diego Tabernero, quien asumió el compromiso de concluir los trabajos antes del 24 de junio de 1735 por un importe de 8.800 reales de vellón. Sin embargo, como sucedía con frecuencia en las obras de la época, la ejecución requirió nuevos desembolsos y el coste final ascendió a 12.118 reales, cifra que muestra las dificultades económicas que solían acompañar a este tipo de intervenciones.
El plano muestra tres vistas complementarias del edificio: la planta, el alzado y el perfil o sección longitudinal. Este sistema de representación permitía describir con precisión tanto la distribución interior como la estructura y el aspecto exterior. La composición se completa con una detallada leyenda en la que se identifican los diferentes elementos y espacios arquitectónicos, facilitando su interpretación y ejecución por quienes debían ejecutarla.
La planta permite reconocer la nave principal de la ermita, la sacristía, el pórtico, los accesos, las ventanas y los diferentes muros y pilares que articulan su construcción. Por su parte, el alzado presenta una fachada sencilla, presidida por una espadaña para la campana y un cuerpo superior compartimentado mediante arcos apuntados ciegos de tradición gótica castellana.
El documento posee un marcado carácter técnico. Lejos de constituir una representación artística del edificio, el dibujo responde a una finalidad eminentemente práctica. El autor presta atención a los elementos estructurales – cimientos, pilares, muros de carga, cubiertas o apoyos -, imprescindibles para calcular los materiales de la obra y valorar su coste. No se trata, por tanto, de una vista idealizada, sino de un auténtico plano de ejecución, elaborado para servir de guía durante la construcción.
Más allá de su valor arquitectónico, el documento pone de manifiesto el papel desempeñado por los escribanos públicos como garantes de la seguridad jurídica. Al incorporar el plano al protocolo notarial, éste queda integrado en un instrumento público dotado de plena validez legal y destinado a conservarse de forma permanente. Gracias a esta circunstancia, el dibujo ha llegado hasta nuestros días formando parte inseparable de la escritura para la que fue realizado. La conservación de este tipo de documentos demuestra que los protocolos notariales, fondo fundacional de los Archivos Históricos Provinciales, constituyen mucho más que una colección de escrituras: son una fuente imprescindible para el estudio de la historia urbana, la arquitectura, las técnicas constructivas, la economía y la vida cotidiana.
Desde el punto de vista artístico, el plano posee un notable interés. Realizado con tinta policromada, combina precisión técnica y cuidado estético, siguiendo la tradición de las trazas arquitectónicas de los siglos XVII y XVIII. El uso de color permite diferenciar materiales y elementos constructivos, mientras que el dibujo mantiene un equilibrio entre funcionalidad y elegancia gráfica que convierte este documento en una pieza de gran atractivo visual.
La comparación entre el plano de 1734 y el edificio que hoy puede contemplarse resulta especialmente sugerente. El aspecto actual de la ermita permite apreciar la continuidad de sus volúmenes fundamentales, pese a las restauraciones practicadas a lo largo de casi tres siglos. La ermita conserva en la actualidad los rasgos esenciales reflejados en el plano notarial, lo que convierte este documento en una fuente privilegiada para estudiar su evolución constructiva y las distintas intervenciones realizadas sobre el inmueble.
Concebido originalmente para dirigir la ejecución de unas obras, este plano constituye hoy una valiosa fuente para el conocimiento de la historia urbana y arquitectónica de Guadalajara. Es también un magnífico ejemplo de la riqueza de los protocolos notariales, fondos documentales que, además de preservar los negocios jurídicos, conservan testimonios del patrimonio histórico artístico.
Riansares Serrano Morales Laura Fernández García
Directora del Archivo Histórico Técnico del Archivo Histórico
Provincial de Guadalajara Provincial de Guadalajara