En 2025, se ha declarado 8 Bienes de Interés Cultural, tres como Monumentos y cinco como Bienes Inmateriales.
Os acercamos a ellos y os animamos a conocer más a través de los diferentes artículos y declaraciones que podrás encontrar en "Conoce más".
Los carnavales de Ánimas de Valdeverdeja y El Torrico (Toledo)
Los carnavales de Ánimas de Valdeverdeja y El Torrico, municipios de Toledo muy próximos geográficamente y hermanos en muchos aconteceres históricos suponen dos tradiciones culturales que enriquecen el patrimonio de Castilla-La Mancha.
La Soldadesca verdeja y la Escuadra torriqueña tienen casi cuatro siglos de existencia, según demuestran los documentos históricos. Será a partir del Concilio de Trento (1545-1563) y se reafirme la existencia del Purgatorio, cuando nazca una devoción escatológica típicamente contrarreformista, la de las Benditas Ánimas, con la finalidad de asegurar sufragios para la salvación de las almas de los difuntos y aminorar su estancia en el Purgatorio. Este será el germen del Carnaval homónimo en las mencionadas localidades de Valdeverdeja y El Torrico.
Soldadescas y Escuadras tomarían como referencia ceremonial las milicias locales o concejiles, especie de ejércitos de reserva nacidos en las postrimerías del siglo XVI, que desfilaban en las fiestas patronales y romerías acompañando las imágenes sacras, imprimiéndoles así un gran significado social además de mostrar públicamente su protección a los símbolos cristianos. De ahí deriva el innegable aire marcial que exhiben, tanto en su muy ritualizada escenografía con jerarquías militares, como en su indumentaria masculina, hecho perceptible en las escuadras de los dos pueblos.
El Carnaval de Valdeverdeja se celebra en la mañana del denominado Domingo del Gallo, con un ceremonial de singular protocolo. La alboreada a ritmo del tambor, la “Junta” o formación de la Soldadesca a lo largo de la calle principal de la villa, el alarde o concentración de Animeros y Animeras en la plaza Mayor y la recogida y acompañamiento de autoridades civiles y eclesiásticas en tan significativo marco urbano nacido en el siglo XVII, es el primer capítulo del ritual.
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El Pozo de Nieve de Villajos (Campo de Criptana. Ciudad Real)
El pozo de nieve se localiza en la zona noroeste del término municipal de Campo de Criptana, en las inmediaciones del Santuario del Cristo de Villajos. Se trata de una joya de la arqueología industrial del siglo XVIII y uno de los ejemplos mejor conservados en la provincia de Ciudad Real, que nos transporta a un pasado donde la nieve y el ingenio humano permitían conservar alimentos y medicamentos sin electricidad.
La construcción de pozos de nieve fue una práctica extendida en Europa durante la Pequeña Edad del Hielo (siglos XVII–XIX), utilizada ampliamente en España hasta su sustitución por la industria del frío moderna. Podríamos decir que era una “nevera” preindustrial. La nieve se recogía en invierno y se compactaba en capas con paja para convertirse en hielo que se utilizaba en verano para conservar alimentos, bebidas y medicinas.
Este nevero formaba parte de una red de pozos de nieve distribuidos por toda Castilla-La Mancha y otras regiones, cuya utilidad decayó tras la irrupción del ferrocarril y la llegada de sistemas de refrigeración mecánica unido a una nueva legislación en materia sanitaria que prohibió la venta y distribución del hielo artesanal.
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El carnaval de Herencia ( Ciudad Real)
Con raíces en el siglo XVII, esta fiesta ha evolucionado hasta convertirse en una de las más representativas de Castilla-La Mancha.
En el Carnaval de Herencia conviven varios modos diferentes de celebración:
En primer lugar, tenemos el carnaval de ánimas, manifestación formal de la que se tiene constancia histórica más antigua, con una cofradía con orígenes atestiguados en el siglo XVI. Éste seguramente, en sus orígenes, nació como contraposición al carnaval popular y fue el que permitió la supervivencia del concepto carnaval y de los festejos asociados a él durante los años centrales del siglo XX. A él se asocia directamente la figura de los mayordomos y la mayordomía y los gremios y las jinetas, representando a los diferentes sectores productivos de la localidad; sus actividades principales están relacionadas con el culto de las ánimas a las que se hace el ofertorio y, también, con la producción y el consumo de determinados dulces. El espacio principal de sus actividades se sitúa en el templo parroquial o en sus inmediaciones, especialmente en la plaza de España, aunque su desarrollo espacial afecta a la totalidad del núcleo urbano.
En segundo lugar, se da el carnaval de máscaras o popular, propio de La Mancha. Esta manifestación es descendiente de las fiestas paganas y está relacionada con la actividad de las murgas y agrupaciones. Encuentra su mejor expresión en los diferentes pasacalles que recorren las arterias urbanas, y, en última instancia, en el recorrido del tránsito del cortejo fúnebre que acompaña a la sardina hasta el lugar de su incineración. En ambos casos encabezados por el Perlé y acompañados por gigantes y cabezudos en todo o parte de sus recorridos.
Una tercera manifestación carnavalesca, en este caso con un carácter regional, es la representada por el gran desfile de carrozas y grupos de animación, en el que compiten carrozas y agrupaciones de murgas, charangas y estudiantinas, tunas y rondallas, comparsas, chirigotas y peñas procedentes de toda la comunidad.
Por último, se encuentra el fin del Carnaval con el entierro de la sardina, el acto final de las carnestolendas, con el desfile de diversos personales acompañados del estandarte de ánimas, los gigantes y cabezudos y la sardina que se incinera en el Cerro de San Cristóbal de la localidad manchega.
Días destacados dentro del calendario carnavalesco herenciano son los tres de su comienzo, denominados popularmente como el viernes de los Prisillas, el sábado de los Ansiosos y el domingo de las Deseosas, y los dos de su final, denominados del Ofertorio y el Entierro de la Sardina (miércoles de ceniza) respectivamente.
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La Casa de los Vasco. Valdepeñas (Ciudad Real)
Es conocida como Casa de los Vasco y la podemos hallar en el número 27 de la actual calle Real. Ubicada en el corazón del casco histórico de Valdepeñas, esta zona se caracteriza por un entramado ortogonal donde también se concentran otras manifestaciones de la arquitectura residencial de la Edad Moderna, como la antigua casa solariega que alberga el Museo Municipal.
Paradigma de la arquitectura emblemática concebida en el tránsito entre los siglos XVI y XVII, es uno de los escasos testimonios arquitectónicos conservados en Valdepeñas de tipología civil y carácter residencial que no ha sufrido apenas modificaciones en su fachada y estructura interior, proyectando la esencia de las formas de habitabilidad tradicionales.
Desde la sobria composición de su fachada, prácticamente inalterada con respecto a su composición original, a las reminiscencias mudéjares de un zaguán en recodo, la Casa de los Vasco es un ejemplo del carácter perpetuador de patrones arquitectónicos legados por la diversidad cultural que desde el Medievo poblaba las poblaciones de La Mancha.
La geometría renacentista de su cortile y una capilla con pinturas tardobarrocas en la planta superior trazan la singularidad estructural de una casa solariega, que además preserva unas reveladoras dependencias de almacenamiento que nos remiten a la vinificación doméstica en su cueva-bodega de varios niveles en profundidad. Los usos subterráneos emergen a través del vano enrejado que se asoma al pavimento original de la calle. La fisonomía de esta vivienda señorial traduce elocuente al lenguaje arquitectónico las necesidades de representación social implícitas en los privilegios estamentales de la Edad Moderna en nuestra Comunidad Autónoma.
Su originalidad nos visita ya desde el exterior, merced a su tradicional paramento. De aparejo toledano, está ejecutado en tapial enmarcado por verdugadas dobles de ladrillo y protegido por un revestimiento hidrófugo. El tramo de la calle Real en la que se levanta la construcción posee el enlosado primitivo de piedra, conformando el pavimento de la acera, aún transitado por los viandantes.
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Iglesia de San Miguel de Brihuega (Guadalajara)
La villa de Brihuega, ubicada en la provincia de Guadalajara, constituye uno de los conjuntos históricos más importantes de Castilla-La Mancha, no solo por su relevancia estratégica a lo largo de los siglos, sino también por la riqueza de su patrimonio arquitectónico, arqueológico e histórico-artístico. Entre sus edificios más notables destaca la antigua Iglesia de San Miguel, un templo del siglo XIII que refleja la evolución de la arquitectura religiosa castellana y la influencia de distintos momentos históricos, desde la Edad Media hasta las reformas del siglo XX. Su estudio permite entender la relación entre el asentamiento urbano, la topografía y las transformaciones sociopolíticas de la villa a lo largo de los siglos.
La historia de Brihuega y la de la iglesia se entrelazan, pues la villa, de origen celtibérico, ha sido testigo de la ocupación islámica, la reconquista cristiana, la época señorial arzobispal, así como de la modernización industrial y los conflictos bélicos del siglo XX. Este recorrido histórico y arquitectónico ofrece una visión completa del valor patrimonial de la Iglesia de San Miguel y su papel dentro del conjunto histórico de Brihuega.
La Iglesia de San Miguel no solo constituye un valioso ejemplo de arquitectura religiosa medieval en Castilla-La Mancha, sino que también refleja la historia compleja y rica de Brihuega, desde sus orígenes celtibéricos hasta la actualidad. Su ubicación, materiales constructivos, capillas, torre campanario y elementos decorativos integran múltiples épocas de intervención, desde la Edad Media hasta el siglo XX, ofreciendo un testimonio tangible de la evolución urbanística, social y religiosa de la villa.
Su conservación y adaptación a usos contemporáneos permiten apreciar la interacción entre historia, arquitectura y comunidad, manteniendo viva la memoria de Brihuega y su patrimonio cultural.
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Belén viviente de Vega del Codorno (Cuenca)
El Belén Viviente de Vega del Codorno, en Cuenca, es una tradición que se remonta a 1967 y se ha representado de manera continua desde entonces. Originalmente surgió como una representación infantil del evento de la Navidad, con un Auto Sacramental escrito por Carmen Conde, impulsado por el párroco D. Eugenio, el secretario Eduardo y el alcalde Blas Cardo, a partir de una iniciativa de los Cursillos de Cristiandad. Actualmente, constituye el hecho cultural más emblemático de la localidad, celebrándose cada año el último sábado antes de Nochebuena, con el título de Fiesta de Interés Turístico Regional.
Se trata del Belén Viviente más antiguo de Castilla-La Mancha y el tercero más longevo de España, con gran popularidad en la provincia de Cuenca. Ha sido representado en la capital provincial en dos ocasiones, en 1991 en la Cueva de la Zarza y en 1992 en la puerta de la Catedral, invitación formalizada por el Ayuntamiento de Vega del Codorno.
La primera representación tuvo lugar el 23 de diciembre de 1967 al atardecer. Con el tiempo, se fijó el sábado anterior a Nochebuena como fecha estable. Los primeros montajes incluían animales reales —vaca, mula y ovejas—, y los niños eran los protagonistas gracias a la colaboración del teleclub local y su grupo de teatro. El Belén se desarrollaba en la gran gruta natural del municipio, que se convirtió en el icónico portal donde se representaba la historia durante más de una hora.
A diferencia de otros belenes estáticos, el de Vega del Codorno es dinámico y dialogado, recreando episodios evangélicos como: la Anunciación del Ángel Gabriel, el viaje de María y José, el monólogo de Herodes, la búsqueda de posada, el nacimiento del Niño Jesús, la anunciación a los pastores, la llegada de los Reyes Magos y las ofrendas pastoriles. La escenografía se extiende más allá de la cueva, con figurantes que recrean escenas temáticas a lo largo del camino hacia la gruta, entre las viviendas del barrio de la Cueva, enriqueciendo la narrativa y la experiencia visual.
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La Fiestas de las Paces de Villarta de San Juan (Ciudad Real)
Las Fiestas de las Paces de Villarta de San Juan tienen sus raíces en la Edad Media, y la documentación histórica sitúa su origen alrededor de 1370, aunque la tradición oral y algunas referencias indirectas sugieren que podría haberse celebrado con anterioridad. La primera documentación concreta se encuentra en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1578), un registro sistemático de las costumbres y características de los pueblos del reino, y más adelante en el interrogatorio del Cardenal Lorenzana (1782), donde se recogieron testimonios de los párrocos del Arzobispado de Toledo sobre las prácticas religiosas locales.
El elemento distintivo de estas fiestas es que no surgieron a partir de apariciones milagrosas ni eventos sobrenaturales, como ocurre en muchas festividades marianas, sino como un acto de agradecimiento hacia la Virgen por la paz obtenida, generalmente tras periodos de conflictos o dificultades que afectaban a la comunidad. Esta característica resalta la originalidad de la celebración y refuerza su carácter institucional y colectivo, ya que la advocación fue promovida por la comunidad en un momento específico para consolidar la devoción popular.
Celebradas cada año del 23 al 26 de enero, estas fiestas combinan religiosidad, tradición popular y una gran presencia de pólvora, siendo un reflejo del carácter y la identidad del pueblo.
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