La historia de la Navidad resurge con cada solsticio de invierno, alumbrando en su cíclico devenir el amanecer de un nuevo año. En un sincretismo cultural que ha ido nutriéndose de la convergencia, en cada punto del orbe romanizado un relato de salvación ha ido definiéndose al calor del poder cautivador de la imagen y el implícito simbolismo del renacer.
Como cada año, el óculo del Panteón de Agripa irradia la potencia direccional de un rayo de luz cenital que parece recordarnos este legado eterno. Una narrativa de luz forjada en el momento más oscuro, perpetuando una historia en imágenes con 2025 años de antigüedad.
Los Museos de Castilla-La Mancha preservan reveladores testimonios en óleo, cerámica y piedra de este patrimonio. Imágenes de luz que transmiten un mensaje inmaterial al alcance de nuestros ojos.
La iconografía mariana es uno de los emblemas de este relato y el Gótico, sin duda, el periodo en el que la representación virginal ha sido más recurrente. El Museo Provincial de Albacete exhibe una Cruz de Término del siglo XV. Rematada por florones crucíferos, en una de sus caras se yergue la imagen de un Calvario y en la otra, una Virgen erguida con el niño en sus brazos. Levantada sobre una base original, su icono mariano nos recuerda al parteluz de portadas como la de la Catedral de León. La tracería compone y la devoción dota de flamígera permanencia a una Regina Caeli, integrada en una suerte de encaje de ramas y hojas de cardo.
Su disposición en un punto terminal de una de las vías de la Albacete medieval, concretamente de la calle donde se alzaba la ermita de la Cruz cercana a la Puerta de Chinchilla, sugiere la asociación hito- imagen religiosa, contemplada por los caminantes que accedían o abandonaban las urbes amuralladas.
A los pies de la Cruz, un ángel despliega una filacteria. La Virgen Madre coronada es flanqueada por los arcángeles Rafael y Miguel, patronos del tránsito de los viandantes. El plegado de sus túnicas y el virtuosismo de sus detalles nos traslada a la quintaesencia del Gótico regional.
El Museo Provincial de Cuenca conserva otra interesante Virgen Gótica entronizada con reliquias polícromas. Es ésta una pieza clave a la hora de analizar la transición del Románico. Con él comparte una marcada frontalidad, tímidamente frustrada por el giro del infante. Éste conecta emocionalmente con un rostro maternal que esboza una ligera sonrisa. Su probable adaptación original al marco arquitectónico de una portada monumental explica su composición y dimensiones. Esta tipología nos conduce a una datación no posterior al último tercio del siglo XIII.
El siglo de las Cantigas a Santa María de Alfonso X el Sabio se plasmó en nuestra región con una singular belleza escultórica. No en vano, el icono mariano cuenta con otras manifestaciones de singular trascendencia para la Historia del Arte, como la Virgen Blanca de la Catedral de Toledo.
Los museos regionales son depositarios de dos representaciones marianas emblemáticas, la imagen exenta de Cuenca y el relieve de Albacete, datadas respectivamente a comienzos y finales del Gótico.
Sale ahora a nuestro paso un curioso icono mariano conservado en el Museo de Ciudad Real. El convento de La Merced cuenta entre sus fondos con una interesante imagen en soporte de cobre de la Virgen, tocada por un manto de tonos azulados y ribetes dorados. De anónima autoría, su tipología y factura sitúan su cronología en el siglo XVI. La Cruz de Malta en la parte superior del manto y los rayos fulgentes que se proyectan desde su efigie conectan con la tradición iconográfica ortodoxa, aunque sus serenos y dulcificados rasgos, así como la suave matización volumétrica de su claroscuro nos incitan a la rememoración del legado simbólico y estético del Renacimiento italiano.
Las circunstancias históricas parecen coincidir con la potencia naval de los Otomanos en el Mediterráneo y la decisiva intervención de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta en esta decisiva centuria.
María, bajo la mirada del Gótico y el Renacimiento, es revisitada ahora por el Barroco. El Museo Provincial de Guadalajara custodia el cálido sentir de la maternidad trazado por el virtuoso pincel del gran Alonso Cano (1601-1667). Alrededor de 1659 el célebre pintor firmó este óleo sobre lienzo. Su temática, la Virgen de la Leche, una iconografía de hondas raíces en nuestra historia en imágenes.
Con reminiscencias en el Antiguo Egipto, en su estatuaria ya se prodigaban profusas imágenes de Isis amamantando a Horus. En la mitología clásica la Vía Láctea había sido concebida como fruto de la leche de Hera.
En la Edad Media, la Galactotrofusa bizantina sería asimilada por la iconografía occidental. Esta transferencia fue especialmente intensa a partir del siglo XIII, en un proceso de revitalización de la función intercesora de la Virgen en el escenario representativo del Gótico al que hemos aludido. Ya en el inicio del siglo XV los Primitivos Flamencos inmortalizarán a la Virgen nutricia en sus tablas. Son famosas las representaciones de Bartolomé Bermejo o Van Eyck.
Un gran maestro del Barroco retoma esta tradición iconográfica en una famosa obra del Museo de Guadalajara. Procedente del Convento de la Epifanía de Guadalajara, pasó a integrar los fondos del Museo Provincial tras la desamortización.
Gestada en el momento del mayor impulso creativo de Alonso Cano, el artífice de la dulzura barroca entronca en esta obra con la tipología de la Madonna de Rafael Sanzio. El intimismo de la escena implica de forma emotiva al observador mediante el escorzo del niño. El potente plegado nos habla de una vocación escultórica que se resiste a permanecer oculta, mientras la conexión de las miradas y la composición piramidal enlazan con un neto equilibrio clasicista.
La luz reaparece a estas alturas del relato para inundarlo todo. La definición de los volúmenes nos contagia de una ternura que sigue emocionándonos.
Continuemos por la senda del Barroco. El Museo de Santa Cruz nos ofrece, en La Visión de San Bernardo, otra variante de la Virgen de la Leche.
La temática de la Lactatio Bernardi se remonta a la Reforma del Císter. San Bernardo de Claraval es alimentado por la virgen durante una visión. La estatua virginal cobra vida ante un Bernardo orante que recibe la leche materna de la Madre de Dios. El lienzo del Museo Provincial de Toledo está datado en 1634 y es obra de Vicente Carducho (1576-1638), quien enmarca la escena de la curación milagrosa en el interior de una arquitectura abovedada con un retablo dorado. La Virgen, rodeada de putti en un espacio celestial, accede a esta Jerusalén en la tierra a través del acto visionario.
El Museo de Santa Cruz cuenta entre sus fondos con esta reveladora obra del autor de los Diálogos de la Pintura. La convivencia de un alarde perspectivo con un rompimiento de Gloria nos habla, no sólo del carácter contrarreformista del relato, sino también del dominio del espacio por este gran pintor de corte nacido en Italia.
Sin movernos de Toledo, su Museo Provincial nos brinda una de las obras pictóricas más conocidas de El Greco (1541-1614), La Inmaculada. Depositada en el antiguo Hospital de Santa Cruz, integraba originariamente un retablo de la Capilla de doña Isabel de Oballe en la parroquia toledana de San Vicente. El pintor cretense halla en la Concepción sin macula de la Virgen su motivo de inspiración para crear esta obra maestra de la espiritualidad manierista.
Los toques de luz en las pupilas de María intensifican una conexión sin parangón con el Espíritu Santo y el misterio de la Encarnación. Sus manos, recogidas sobre su pecho, acogen la luz, nuevamente la luz.
En un excelso alarde simbólico, identificado con la estética de Domenikos, la imagen mariana se eleva hacia su destino. La concepción y la luz, ese estrecho vínculo del que emana el origen de la Navidad.
Fruto de la reforma del Concilio de Trento, en el siglo XVII fueron copiosas las representaciones de las visiones de santos. En el Museo de Guadalajara existe una Aparición del niño Jesús a San Francisco del mismo autor que abordaremos en el siguiente episodio de nuestro relato, Juan Carreño de Miranda (1614-1685).
Para este capítulo visitaremos el Museo Provincial de Ciudad Real, donde se conserva una extraordinaria Aparición del niño Jesús a San Antonio de Padua. Exponente del Barroco cortesano, Carreño de Miranda concibió esta composición como un gesto de amor de Jesús niño, que penetra en la celda del santo medieval para elogiar una vida de virtud. Todo un repertorio de simbolismos se abre ante nuestros ojos, como las azucenas imprimadas de pureza.
La devoción a San Antonio de Padua fructificó en la Edad Moderna, siendo ampliamente representada como manifestación de la Devotio Moderna. Un pequeño retazo del sentir que fluía entre los salones de la Corte de Carlos II nos he entregado gracias al legado de los fondos depositados en el Museo Provincial -Convento de La Merced de Ciudad Real.
Maternidad, pureza y virtud se entrelazan en nuestra Historia de la Navidad. El Barroco fue, sin duda, el periodo en el que la Virgen María y Jesús niño trascendieron el pesebre para adentrarse en espacios habitados por santos, imbuidos de su presencia a través de visiones y apariciones. Nuevas formas de representación, enlazadas por la devoción, perpetuaron así la presencia de la Natividad en el contexto de la Contrarreforma.
Entretejido como hilo de este relato, reaparece el vínculo materno filial, en su trasposición a los nobles materiales de la madera o la piedra. En nuestra aproximación a la tipología de virgen gótica en los Museos de Albacete y Cuenca ya percibíamos este profundo lazo, al que contribuirán ahora otros Museos de la región.
Concretamente, el de Cuenca alberga una Maternidad creada por el cincel de Leonardo Martínez Bueno (1915-1977) en el periodo comprendido entre 1950-1960. Dimanada del espíritu creativo de este artista conquense, en ella se aprecia la evolución hacia la pureza y depurada volumetría por influencia del británico escultor Henry Moore.
Labrada en piedra caliza, un regazo femenino sostiene con ternura la infancia. De formas redondeadas y ausencia de pulido en su acabado, la ondulación se alza en trasunto de la dulzura de la Madonna renacentista que inspiró a Alonso Cano. La preeminencia del volumen en detrimento del detallismo entronca con las esculturas de los Esclavos de la Academia de Florencia. De una forma similar a esta esquematización de la relación maternal con el recién nacido, Miguel Ángel Buonarroti había captado en ellos la esencia abocetada del non finito.
Trasladémosnos ahora al Museo Provincial de Guadalajara, donde la genialidad de La Roldana, materializada en el modelado de terracota policromada, se convierten en motivo de una nueva visita. En este caso, el Barroco devocional nos detiene en Los primeros pasos de Jesús. Luisa Roldán (1692-1706) capta en esta obra la humanidad de los lazos afectivos de la Sagrada Familia, evocando a ternura de otras producciones coetáneas de paralela idiosincrasia, como las que nacen del ingenio y sensibilidad de Murillo.
La cotidianeidad del asunto nos transmite el intimismo de una madre que sostiene con un paño a un bebé que alza sus brazos hacia la figura de San José. Sentado en su banco de madera, éste se inclina hacia adelante para recogerlo. Dos ángeles contemplan la escena. Este grupo escultórico formaba parte de un conjunto al que también pertenece otro integrado por San Joaquín, Santa Ana y la Virgen niña.
La Roldana creó ambas obras cuando ya había sido designada escultora de cámara de Carlos II. Llegaron al Museo de Guadalajara procedentes del monasterio de Sopetrán por donación de Felipe V. Tras la desamortización, fueron trasladas a la iglesia de Santa María de Hita y de allí al Museo Provincial.
El hito final de este recorrido en imágenes lo protagoniza el Belén, concretamente unas figuras que no son exhibidas como parte de la exposición permanente del Museo Provincial de Albacete, pero que desde sus fondos enriquecen este relato en torno al despertar del nuevo año.
La cerámica artística de Vila Más nos vuelve a situar en el siglo XX. Componen este belén, proveniente de la fábrica constituida en 1950 por Pascual Vila Más, seis de las veintiocho figuras creadas originalmente. Se abastecía de las canteras de arcilla de Chinchilla de Montearagón, propiedad de su fundador. El escultor Antonio Garrigós Giner había fundado en Murcia, junto al escultor albaceteño Clemente Cantos, el taller “Bellos Oficios de Levante" en 1923. En él había puesto en práctica las figuras costumbristas que décadas después elaboraría en Vila Más hasta 1970.
Técnicamente, se observa el procedimiento del moldeado de pasta cerámica policromada en frío con una técnica que recuerda el estofado aplicado a la imaginería. El Museo de Albacete custodia, por una donación, las figuras de la Sagrada Familia, un ángel y dos pastorcillas que portan respectivamente un cesto de frutas y una pandereta, elaboradas entre 1950 y 1955. En el reverso de su base reza la inscripción Vila (Albacete).
Ángel del Belén de cerámica artística de Vila Más donado al Museo Provincial de Albacete. Fuente: Red digital de colecciones de museos de España, núm. de inventario CE17201. https://ceres.mcu.es/pages/SimpleSearch?search=simple
La luz ha guiado este especial relato de Navidad. La imagen artística ha ido escribiendo con su particular lenguaje las páginas de una historia que culmina aquí con una alabanza, la que se pronuncia en honor del simbolismo que subyace y resurge cíclicamente en los postreros suspiros del año. El invierno ha comenzado y con él la iconografía del vínculo afectivo, capaz de trascender generaciones, desde aquel primer solsticio en honor al sol invicto.
Os animamos a visitar los Museos de Castilla-La Mancha y conocer todas estas obras. Más información AQUÍ
Autora.: Eva María Jesús Morales
Profesora en el Centro Asociado de la UNED en Ciudad Real. Imparte asignaturas de Historia Moderna y Medieval en el Grado de Geografía e Historia, así como Arte y Poder en la Edad Moderna en el Grado de Historia del Arte.
Licenciada en Historia y Grado en Historia del Arte.
Esther O. C. el Mar, 30/12/2025 - 23:42
Magnífico trabajo, como todo el buen hacer de la doctora Jesús. Disfrutado ¡Disfrútenlo!
Elías Pérez Márquez el Vie, 30/01/2026 - 12:34
Gran recopilatorio de la doctora Jesús, como es habitual 🥰, y el Museo Provincial de Albacete muy recomendado por mi parte!!