El Cuerpo de Ingenieros de Montes se creó mediante Real decreto de 17 de marzo de 1854, a instancias del Ministerio de Fomento. En la exposición de motivos se fundamentaba este importantísimo hecho en la necesidad de contar con personal especializado, que se guiase por medios científicos de dirigir con acierto el cultivo del arbolado, las siembras y plantaciones, las podas y los aprovechamientos, puesto que, hasta entonces, los montes habían estado gestionados por personas extrañas a la ciencia de la selvicultura, que llevaron a cabo podas inoportunas, cortas extemporáneas, esquilmos ejecutados con poco conocimiento de su índole y de la influencia que ejercen en la economía vegetal, circunstancias que acarrearon en muchas ocasiones la ruina de bosques florecientes, convirtiendo su fértil suelo en eriales estériles e insalubres. Las consecuencias de tan grave mal se dejaron sentir de una manera demasiado alarmante para no llamar seriamente la atención de Vuestra Majestad.
En aquel momento ya estaba creada la escuela de Villaviciosa de Odón, con el objeto de formar buenos ingenieros del ramo, que adornados de todos los conocimientos científicos necesarios den a su fomento un poderoso impulso.
Aquella medida tan acertada dio lugar a la formación del Cuerpo de Ingenieros de Montes, con los que se ejecutaría operaciones facultativas, de todo punto necesarias, si ha de conseguirse la restauración del arbolado.
La idea era desarrollarlo poco a poco, en función de los resultados que produzca, de los méritos que contraigan sus individuos, de las necesidades del servicio y del aumento que reciban los rendimientos de los montes.
Según se expresó en esta Exposición de motivos no harían falta recursos superiores a los consignados al personal del ramo de montes en el presupuesto general de gastos vigente. No habrá que agregar nuevos fondos a los que se destinan en el día a satisfacer las subvenciones de los ingenieros ocupados en la escuela y en el examen y reconocimiento de las principales zonas forestales de la Península.