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24 Septiembre 2026

En pleno corazón de Almagro, frente a algunos de los edificios más representativos de su conjunto histórico, se encuentra el Palacio de los Marqueses de Torremejía. Este inmueble, situado en la plaza de Santo Domingo, reúne más de cinco siglos de historia, arquitectura nobiliaria, arte decorativo y memoria social.

Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XV y su evolución refleja los distintos momentos históricos que atravesó la ciudad. La construcción mudéjar original fue transformándose con el paso del tiempo hasta incorporar elementos renacentistas, reformas posteriores y espacios vinculados a la actividad religiosa y educativa.

 

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Un palacio nacido en la Edad Media

La primera configuración del Palacio de los Marqueses de Torremejía respondía a una edificación de dos plantas organizada alrededor de un patio rectangular de aproximadamente 10 por 8 metros.

El patio estaba rodeado por galerías desde las que se accedía a las diferentes habitaciones. El zaguán no se situaba en el eje central del edificio, sino que seguía un trazado en recodo. Esta característica es uno de los rasgos que vinculan el palacio con la tradición mudéjar de su primera etapa.

La disposición en torno a un patio central no era únicamente una solución arquitectónica. También permitía ordenar la vida doméstica, mejorar la iluminación y la ventilación de las estancias y crear un espacio representativo dentro de la residencia nobiliaria.

 

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La transformación renacentista

Durante el siglo XVI, el palacio experimentó una importante remodelación. La nueva intervención introdujo un lenguaje renacentista que todavía puede reconocerse en diferentes elementos del edificio.

Entre ellos destacan:

  • Las columnas más esbeltas del patio.
  • La heráldica incorporada en la panda norte.
  • La fuente central.
  • Los parterres situados en los ángulos del patio.
  • Las columnas de piedra con capiteles decorados.

 

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Algunas partes del patio fueron modificadas posteriormente. Las pandas norte y este se ampliaron y se cerraron mediante tabiques, alterando las dimensiones originales y haciendo desaparecer la forma rectangular primitiva. A pesar de ello, todavía se conservan columnas de las antiguas crujías, así como capiteles que en su día sostuvieron zapatas de madera tallada.

Los escudos y otros elementos ornamentales permiten reconocer las distintas fases constructivas del palacio.

Las reformas y ampliaciones del siglo XVIII

La historia del Palacio de Torremejía no terminó con las reformas medievales y renacentistas. Durante los siglos posteriores, el edificio continuó transformándose.

Uno de los momentos decisivos llegó tras el incendio que afectó al antiguo Hospital de las Ánimas. En 1768, sus dependencias fueron incorporadas al palacio mediante una permuta por otras propiedades situadas también en Almagro.

Esta operación permitió ampliar considerablemente el inmueble y configurar la manzana aislada que ha llegado hasta nuestros días. En esta etapa también se construyó el edificio de las caballerizas, formado por una nave diáfana con bóvedas de arista en la planta baja y una estructura de cerchas de madera.

El conjunto quedó organizado en torno a dos grandes espacios abiertos: el patio principal y un segundo espacio de mayores dimensiones, utilizado como corral. Este último tenía acceso directo a la plaza mediante una amplia puerta de carruajes.

En total, el palacio ocupa una manzana de aproximadamente 1.723 metros cuadrados dentro del núcleo histórico de Almagro.

Una fachada llena de detalles

La portada principal se encuentra en la fachada que da a la plaza de Santo Domingo. Su importancia se subraya mediante la ruptura de la línea del alero, un recurso que ayuda a destacar visualmente el acceso principal.

La puerta es adintelada y está flanqueada por pilastras cajeadas y columnas. El dintel se eleva mediante cimacios decorados con rosetas y elementos heráldicos.

Sobre la entrada se sitúa el balcón principal, apoyado en sus esquinas sobre cabezas zoomorfas. Este balcón presenta columnas adosadas de tipo abalaustrado, un dintel decorado con un jarrón central y motivos florales, además de mascarones con plumas en los extremos.

El conjunto se completa con un destacado motivo heráldico de piedra caliza, situado entre flameros sobre un plinto. La composición reúne símbolos relacionados con algunos de los linajes vinculados a la propiedad del palacio.

El patio y sus elementos artísticos

Uno de los espacios más valiosos del inmueble es el patio principal porticado. En la crujía oeste se conserva un alfarje de madera de pino formado por una disposición cuadricular de maderas, cintas y saetinos.

La estructura presenta policromía original con predominio de motivos vegetales. Este tipo de cubierta no solo cumplía una función constructiva, sino que contribuía a reforzar el carácter representativo y residencial del patio.

Otro elemento destacado es el pavimento de la galería oeste, realizado mediante la técnica del engorronado con decoración geométrica.

La escalera principal también posee un notable interés artístico. Está compuesta por dos tramos y cubierta por una cúpula ochavada sobre tambor. La decoración incluye guirnaldas de frutos y lazos negros sobre fondo blanco, creando un contraste visual de gran elegancia.

Pinturas murales y estancias singulares

El palacio conserva pinturas murales en varias de sus habitaciones. Cada estancia refleja gustos decorativos diferentes.

 

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Entre los espacios con pinturas murales destacan:

  • Sala de los Portugueses
  • Sala dinastía Qing
  • Sala del Volcán.
  • Sala marmolada.
  • Sala Indígenas.
  • Sala de las Conchas

El palacio conserva un mural realizado sobre papel de arroz con escenas vinculadas a la dinastía Qing. Este elemento fue destacado expresamente por el Gobierno de Castilla-La Mancha al explicar la relevancia cultural del inmueble y su rehabilitación.

Los propietarios podían incorporar objetos, pinturas, tejidos y referencias visuales procedentes de lugares muy alejados de Castilla.

De residencia nobiliaria a espacio educativo

Tras la muerte del último marqués de Torremejía a mediados del S XX, que falleció sin descendencia, el palacio fue donado a la Orden de los Dominicos, que lo convierte en la Escuela de Hogar Femenina Nuestra Señora del Rosario, que desarrolló allí su actividad durante décadas. De esta manera, el palacio dejó de ser únicamente una residencia nobiliaria y pasó a formar parte de la vida educativa de Almagro.

En 2015, las religiosas se trasladaron a un nuevo convento. Entre 2015 y 2016, parte de sus instalaciones fueron utilizadas por la Escuela Infantil La Comedia y por el Banco de Alimentos.

Una rehabilitación integral

En 2019, el palacio fue adquirido por Mauricio Fernández Garza. Desde entonces, el inmueble fue sometido a una rehabilitación integral destinada a recuperar sus valores arquitectónicos y artísticos.

La intervención incluyó la restauración de elementos singulares, la recuperación de espacios interiores y la puesta en valor de las decoraciones históricas. El proyecto contó con la participación de un equipo interdisciplinar formado por arquitectos, arqueólogos y restauradores.

La restauración permitió recuperar parte de la imagen señorial del edificio y favoreció su apertura parcial al público. El objetivo no fue únicamente renovar el inmueble, sino conservar los testimonios materiales de sus distintas etapas históricas.

La importancia de la intervención recibió un reconocimiento institucional en 2025. El Gobierno de Castilla-La Mancha concedió una mención especial dentro de las Medallas al Mérito Cultural al proyecto de rehabilitación del Palacio de los Marqueses de Torremejía.

Un entorno histórico protegido

El palacio se encuentra dentro del conjunto histórico de Almagro, declarado Bien de Interés Cultural en 1972. Su entorno inmediato reúne algunos de los edificios patrimoniales más importantes de la localidad, como el Palacio de Valdeparaiso, el Convento de la Concepción Bernarda y la Casa de los Calero.

La plaza de Santo Domingo constituye, por tanto, un espacio de gran valor histórico y arquitectónico. En ella conviven palacios, conventos y viviendas tradicionales que reflejan la importancia que tuvo esta zona dentro de la ciudad.

La delimitación del entorno de protección busca garantizar que cualquier actuación futura respete la percepción del palacio, su relación con la plaza y la lectura completa del conjunto histórico.

La declaración como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento que es publicada hoy, representa un reconocimiento a la importancia histórica, arquitectónica y artística del Palacio de los Marqueses de Torremejía.

La protección permite reforzar la conservación del edificio y controlar las intervenciones que puedan afectar tanto al inmueble como a su entorno. También contribuye a garantizar que cualquier cambio de uso, obra o actuación relevante sea compatible con sus valores patrimoniales.

Más allá de su interés para especialistas, el palacio forma parte de la identidad de Almagro. Sus patios, pinturas, columnas, cubiertas, escudos y espacios de servicio cuentan la historia de una familia, de una ciudad y de las distintas generaciones que dieron nuevos usos a este edificio.

Hoy, el Palacio de los Marqueses de Torremejía representa uno de los testimonios más singulares de la arquitectura señorial de Almagro: una construcción nacida en la tradición mudéjar, transformada por el Renacimiento, ampliada en siglos posteriores y recuperada para las generaciones futuras.

Texto basado en la declaración publicada en el DOCM.

 

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