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MUSEO DE LOS CONCILIOS Y LA CULTURA VISIGODA

El Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda se encuentra instalado en el incomparable marco de la Iglesia de San Román, bello exponente del primer mudéjar toledano (siglo XIII). En el se muestran algunos de los vestigios de lo que fue la antigua capital del reino visigodo de Toledo y se exhiben los ajuares encontrados en la necrópolis de Carpio de Tajo, así como excelentes reproducciones de las coronas votivas del tesoro de Guarrazar.

SABER MÁS

Horario de apertura
De martes a sábado
de 10:00 a 14:00 h y de 16:00 a 18:00 h.
Domingos de 9:00 a 15:00 h.

Días de cierre
Todos los lunes.
1, 6 y 23 de enero,1 de mayo,
24, 25 y 31 de diciembre.

General | 2 euros.

Reducida | 1 euro.
Grupos de 10 o más personas con visita concertada. Titulares de Carné Joven o equivalente de la UE.

Gratuita | Miércoles por la tarde. Domingos. 18 y 31 de mayo. Pensionistas, desempleados, menores de 16 años y mayores de 65, docentes, guías oficiales de turismo, periodistas e investigadores, personas con 33% de discapacidad, familias numerosas y miembros de Asociación de Amigos del Museo, ICOM, ANABAD y asociaciones de museos. Más información.

Es necesaria la acreditación de todas las circunstancias. 

Dirección
Calle de San Román, s/n
45002, Toledo

Teléfono de contacto: 925 22 78 72

Correo electrónico:
museodesantacruz@jccm.es

Museo de los Concilios

Museo de los Concilios

Actividades

La Iglesia de San Román, sede del Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda, está situada en una de las partes más altas de la ciudad de Toledo. Sus orígenes se podrían remontar al periodo visigodo, ya que bajo la capilla mayor se descubrió en el transcurso de su restauración en 1968 una cripta identificada como un ábside edificado en dicha época. Con posterioridad tal vez fue reutilizada como mezquita ya que hasta 1572 se conservaban en ella varias laudas sepulcrales islámicas. Documentalmente se la cita como parroquia latina por primera vez a principios del siglo XII, en 1125, aunque la fábrica actual corresponde a la edificación consagrada por el Arzobispo Jiménez de Rada en 1221. El inmueble presenta elementos de clara influencia islámica no solo en la arquitectura sino también en la decoración de arcos, pilastras y ventanas. Es de planta basilical con tres naves, la central más alta y ancha, separada por arcos de herradura califal con dovelas alternadas enmarcadas por el alfiz. Las naves se sustentan conforme a un esquema propio del primer mudéjar toledano del XII sobre columnas de fuste romano adosadas a pilares de ladrillo, sobre las que se sitúan doce capiteles de diferentes tamaños. Sobre esta arcada se desarrolla una arquería alta o tribuna de vanos de medio punto. El ábside poligonal de la cabecera estaba exento en su origen como se puede deducir por las saeteras que quizá daban al claustro desaparecido al construir el convento de san Pedro Mártir, y que en la actualidad, quedan dentro del edificio. A lo largo del siglo XIII se añadirían la capilla de la nave de la epístola y la situada a los pies de la iglesia.

A partir de 1552 se efectúa la reforma realizada por Alonso de Covarrubias para la ampliación de la capilla mayor que se adaptó a la antigua cabecera ochavada. El espacio se cubre con bóveda de crucería; entre ésta y la cúpula, sobre las pechinas del crucero se alza una bóveda de cañón. Pilastras decoradas con grutescos, telamones y hermes femeninas sustentan los capiteles y sostienen los arcos torales decorados con cabezas de ángeles y florones. El retablo es obra de Diego Velasco. Los muros son de mampostería entre una o dos hiladas de ladrillo. En ellos se despliega un espléndido conjunto pictórico realizado al fresco con representaciones figurativas y elementos decorativos.

La torre, inspirada en los alminares califales, edificada como exenta a fines del siglo XIII o principios del XIV, se une a la cabecera en el XVI. Consta de un cuerpo bajo liso y un cuerpo y de arcos lobulados abiertos y remata en la triple ventana del campanario. Ambos se separan por medio de un piso más estrecho de arcos lobulados cegados 

La iglesia, que fue declarada Monumento Histórico Artístico por Decreto de 3 de junio de 1931, y tuvo un uso ininterrumpido para el culto hasta mediados del siglo XIX, cuando durante la reforma realizada en 1842 deja de ser parroquia y se une a la de Santa Leocadia. Desde 1969 es cedida por la Iglesia para sede del Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda.

El Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda fue creado por Decreto de 24 de abril de 1969 con la misión de exhibir en él cuantos testimonios histórico-artísticos puedan recogerse relativos a dicha cultura de cuyo reino fue capital, centro político, religioso y artístico la ciudad de Toledo. Por acuerdo con la Sede Primada de España el Museo se ubicó en la antigua Iglesia de San Román, dependiente de la Parroquia de Santa Leocadia, que se cede en 1969 y que fue restaurada para su inauguración en 1971. En el año 2014 la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Museo de Santa Cruz abordan la renovación de toda la museografía.

El museo presenta un doble interés; por un lado, el valor arquitectónico del edificio en que se alberga, ejemplar característico de la arquitectura mudéjar religiosa de Toledo, y por otro, el de las colecciones expuestas.

Los materiales arqueológicos que se exhiben y que testimonian la importancia de la corte visigoda toledana a partir del último tercio del siglo VI., proceden de los fondos del Museo de Santa Cruz, de excavaciones recientes y depósitos de la Iglesia y de fondos igualmente en depósito del Museo Arqueológico Nacional, que provienen de excavaciones antiguas de la provincia de Toledo, y que nos ofrecen vestigios de las hermosas edificaciones civiles y religiosas construidas en el Reino Visigodo de Toledo.

Se puede admirar en el museo diversos elementos arquitectónicos, realizados en piedra, como frisos, cimacios, capiteles, pilastras, canceles, placas nicho, que nos presentan un rico muestrario de los motivos decorativos, geométricos y vegetales, algunos de tradición romana, tallados a bisel. También se pueden apreciar esplendidos ejemplos de representación figurada como la Placa de las Tamujas, de compleja iconografía.

Gran interés reviste el fragmento en piedra de un Credo Hispánico del siglo VII, que debió pertenecer a la Basílica de Santa Leocadia, sede varios concilios toledanos.

El mundo funerario se nos muestra en las inscripciones sepulcrales o en los ajuares procedentes de la Necrópolis de Carpio de Tajo, con magníficos objetos de orfebrería como broches de cinturón, pendientes, anillos y collares, datados entre los siglos VI y VII y realizados con diversas técnicas como el grabado, el esmalte o la incrustación de piedras, que nos ilustran sobre diversos aspectos de la sociedad de la época. La orfebrería salida de los talleres reales se aprecia en las reproducciones de las coronas encontradas en 1859 en Guarrazar, cuyos originales se conservan en el Museo Arqueológico Nacional y en el Museo de Cluny de Paris.

Finalizando la visita, serán las piezas encontradas en el yacimiento arqueológico de Vega Baja (Toledo), las que despidan al visitante por medio de los restos de la más reciente historia hallada en la ciudad de Toledo sobre la Historia y Cultura de los Visigodos, su reinado y su capital.