Pasar al contenido principal

En el mapa de las tradiciones singulares de España existen celebraciones que, por su fuerza simbólica y su arraigo popular, trascienden la categoría de fiesta para convertirse en auténticos emblemas de identidad colectiva. Ese es el caso del Juego de las Caras, una manifestación cultural que cada Viernes Santo transforma por completo la vida de Calzada de Calatrava, en la provincia de Ciudad Real, dentro de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.

Declarada Fiesta de Interés Turístico Regional en 1993 y reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional en 2016 dentro de la Ruta de la Pasión Calatrava, esta tradición ocupa un lugar único en el calendario festivo manchego. No solo por su espectacular capacidad de convocatoria —miles de personas acuden cada año—, sino porque constituye la única fiesta profana que se celebra en Castilla-La Mancha durante la Cuaresma. Y lo hace, además, en el día más solemne del calendario cristiano: el Viernes Santo.
Este artículo recorre su historia, su desarrollo, su contexto geográfico y cultural, y la justificación de su declaración como Bien de Interés Cultural, para comprender por qué el Juego de las Caras es mucho más que un juego de azar.

 

Juego de las Caras.
Juego de las Caras. 

 

Origen histórico: entre la tradición oral y la evidencia material

La tradición afirma, de manera acrítica, que el Juego de las Caras se remonta a varios siglos atrás. Sin embargo, las referencias documentales son escasas. La pista más sólida sobre su antigüedad procede de un elemento esencial del juego: las monedas.

Las tiradas se realizan con dos monedas de cobre con la efigie de Alfonso XII. Estas piezas sitúan el origen del juego, al menos en su forma actual, entre 1874 y 1885. Aunque no se descarta una tradición anterior, el uso de estas monedas fija con certeza el umbral cronológico a partir del cual puede documentarse su existencia.

Lo fascinante es que, pese a los cambios sociales y económicos experimentados desde el siglo XIX, el juego ha mantenido intactos sus elementos esenciales: la mecánica, el simbolismo y el marco temporal.

Un juego en el día sin ley

El Juego de las Caras se celebra exclusivamente el Viernes Santo. Comienza en torno a las once de la mañana, tras la Procesión del Encuentro o de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y concluye a las cinco de la tarde, justo cuando dan inicio las funciones del Santo Entierro.

Ese intervalo horario constituye un tiempo simbólicamente suspendido. La tradición popular sostiene que en ese momento “no hay ley”, porque “Cristo está muerto”. La expresión, lejos de interpretarse como irreverente, remite al pasaje evangélico en el que los soldados romanos sortean la túnica de Jesús al pie de la cruz en el Gólgota.

Así, el juego de azar no es un mero entretenimiento, sino una recreación simbólica de aquel episodio bíblico. Es una cesura entre actos litúrgicos de gran solemnidad. Cuando el baratero canta la “última” tirada a las cinco de la tarde, “vuelve a haber ley” en Calzada de Calatrava y el pueblo recupera su tono solemne.

La mecánica del Juego de las Caras

La simplicidad es una de las claves de su éxito y pervivencia.

El corro

El juego se desarrolla en corros pintados en blanco sobre el pavimento de calles y plazas. Estos círculos se convierten en núcleos de reunión y auténticos centros de sociabilidad. Algunos espacios, como la Plaza de España —remodelada en 2009—, están diseñados para facilitar la formación de varios corros simultáneos.

 

Juego de las Caras.

 

Los tres agentes fundamentales

La banca: quien asume el papel de cubrir las apuestas.

El baratero: figura esencial, encargado de dirigir el juego, revisar las monedas y cantar el resultado.

Los apostantes o “puntos”: quienes depositan el dinero en el suelo.

Al grito de “¡dinero al suelo!”, los apostantes colocan su apuesta. La banca debe igualar cada cantidad. Si no puede cubrir alguna, ese dinero se retira. Una vez “casadas” las apuestas, se procede al lanzamiento.

 

Las monedas

El baratero revisa que las monedas estén correctamente colocadas: las cruces pegadas entre sí y las caras hacia el exterior. Se lanzan al aire y, tras caer dentro del corro:

  • Si salen caras, gana la banca.
  • Si salen cruces, ganan los apostantes.
  • Si sale cara y cruz, no hay ganador y se repite la tirada.

 

Juego de las Caras.
juego de las caras 

 

El veredicto lo canta el baratero en voz alta. Hasta ese momento nadie puede intervenir. Si las monedas caen fuera del corro o tocan a algún asistente, la jugada se anula.

A las cinco de la tarde, la última tirada pone fin al juego.

 

Un fenómeno social y emocional

Durante esas seis horas, el ritmo del pueblo cambia por completo. Todo gira en torno a los corros. Vecinos residentes, emigrantes que regresan para la Semana Santa y miles de visitantes conviven en un ambiente de intensa participación colectiva.

 

Juego de las Caras.

El Juego de las Caras funciona como un poderoso “pegamento social”. Es un espacio donde desaparecen jerarquías y diferencias. Todos pueden apostar, todos pueden ser banca, todos comparten el mismo círculo.

La hospitalidad es otro rasgo distintivo. Los foráneos son acogidos e integrados con naturalidad. 

Puedes conocer más en su declaración como Bien de Interés Cultural, con la categoría de Bien Inmaterial, que se ha publicado hoy.

 

Deja un comentario

HTML Restringido

  • Etiquetas HTML permitidas: <a href hreflang> <em> <strong> <cite> <blockquote cite> <code> <ul type> <ol start type> <li> <dl> <dt> <dd> <h2 id> <h3 id> <h4 id> <h5 id> <h6 id>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.