Testimonio notarial de las diligencias y autos que tuvieron lugar por la muerte violenta de Miguel Cayetano Soler (1809). Documento del mes de junio de 2026 en el Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real.
Testimonio notarial de las diligencias y autos que tuvieron lugar por la muerte violenta de Miguel Cayetano Soler (1809), el último Secretario de Estado y del Despacho de Hacienda de Carlos IV.
AHPCR-Archivo de Malagón, signatura 119312.
Este documento llegó al Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real a través de una transferencia realizada el 24 de noviembre del año 1992 desde la Notaría de Piedrabuena.
Miguel Cayetano Soler Rabassa nació el 27 de septiembre de 1746 en Palma de Mallorca, en el seno de una familia humilde. Cursó estudios de Derecho, y ocupó distintos cargos públicos tanto en Mallorca como en Ibiza. Con el apoyo del sector más aperturista de la corte, “mereció por su actividad y celo alcanzar en 1798 las superiores categorías de Consejero de Hacienda y finalmente del Supremo de Castilla” (1), poco tiempo después accedió al cargo de Secretario de Estado de Hacienda del gobierno de Godoy, en sustitución de Francisco Saavedra, ostentando el cargo hasta poco después del motín de Aranjuez, concretamente hasta el 28 de marzo de 1808.
Siguiendo al profesor Román Piña Homs, “Soler no es un personaje mediocre, ni un covachuelista de segunda fila. Es un abogado eficaz, de sólida formación académica y de inmensa capacidad de trabajo, que asciende lenta y escalonadamente hasta el cenit de la Administración de la monarquía, habiendo dejado para el país el primer proyecto de organización de la Hacienda pública española bajo cánones de modernidad” (2). Según la profesora Rosa María Martínez de Codes, Miguel Cayetano Soler “sintetiza, mejor que sus predecesores en el cargo, el legado de un pensamiento conservador reformista que promovió la transformación de los últimos vestigios de la sociedad estamental española” (3).
En un principio, Soler no será partidario de aumentar la presión fiscal, se centrará en impulsar medidas para la liberalización de bienes en manos muertas y acometer reformas para enfrentar el grave problema de la deuda pública que asfixia al país.
Poco tiempo tardó en reconocer que las reformas implementadas no produjeron los efectos deseados, teniendo que impulsar nuevos tributos, como el impopular impuesto del vino del año 1805, por el que se “manda exigir temporalmente el arbitrio de quatro maravedises sobre cada quartillo de vino que se consuma en el Reyno” (4), que al gravar un artículo de general consumo pasó a convertirse en uno de los impuestos más importantes de los ingresados por la Hacienda.
Para conocer más a fondo el pensamiento de este decidido reformista, se pueden consultar sus exposiciones “Estado de la Real Hacienda en el año 1798” y “Exposición que hace al rey el ministro de la real hacienda, D. Miguel Cayetano Soler en 1799” (5).
Centrándonos en el documento que nos ocupa, y siguiendo las diligencias con las declaraciones de testigos cercanos a los hechos, Miguel Cayetano Soler salió, acompañado de una pequeña comitiva, el día tres de diciembre de 1808 desde el Monasterio del Escorial, “con motivo de aproximarse las tropas francesas y haberse recelado estar su vida en peligro” dirección posiblemente a Sevilla o a Cádiz. Su recorrido le llevó por localidades como Colmenar de Arroyo, Méntrida, Villamiel, Nambroca y los Yébenes, llegando el día diez por la tarde a Malagón, donde se hospedó en la casa de un familiar de uno de sus acompañantes, fray Josef de Malagón. Al día siguiente, el día once, advirtieron “alguna inquietud en el pueblo”, atribuyendo a Soler “complicidad en las traiciones contra el reyno y amistad con los generales del ejército francés”, por lo que les pareció conveniente desplazarse a la villa de Porzuna, localidad natal de otro de sus acompañantes, fray Jacinto de Porzuna.
Por el camino hacia Porzuna, “habiendo andado solos cerca de media hora”, se percataron de que tras ellos se dirigían “una crecida porción de gentes”, a los que esperaron. A la pregunta de Soler, “¿qué queréis hijos?”, la respuesta fue “matar a usted que es un traidor”; ante tales acusaciones Soler intentó defenderse sin éxito, ya que comenzaron a lanzarle piedras a la voz de “muere traidor”, llegando hasta él un soldado, “quién le dio dos o tres bayonetazos”.
Según la declaración de los facultativos (médico y cirujano), el cadáver de Soler “tenía ocho heridas”, tres de ellas “mortales de necesidad” producidas con “instrumento punzante y cortante”, el resto, las otras cinco, “también de necesidad mortales” con instrumento contundente “palo, piedra, etc.”.
El documento consta de 28 folios, de los que exponemos parte de las declaraciones de los facultativos y de Roque Álvarez, mayordomo que acompañó a Miguel Cayetano Soler hasta el último momento, así como parte de la relación de efectos pertenecientes al difunto.
Este episodio sucedió en el contexto de la Guerra de la Independencia, poco tiempo después de este suceso, las tropas francesas llegaron hasta la capital de la provincia, ocupándola definitivamente el día 27 de marzo de 1809.
(1) Salvá Riera, J.: “Don Miguel Cayetano Soler y sus antecedentes”, B.S.A.L., 35 (1977), p. 356.
(2) Piña Homs, R.: “Miguel Cayetano Soler, servidor de un Estado en bancarrota”, MRAMEGH, 19 (2009), p. 129.
(3) Martínez de Codes, R.M.: “La contribución de un mallorquín, Miguel Cayetano Soler, al proceso desamortizador de la Monarquía Hispana”. Actas VII Congreso Internacional de Histórica de América, Zaragoza (1998), p. 475.
(4) Real Cédula de S.M. y Señores del Consejo de 2 de julio de 1805.
(5) Colección Sempere y Guarinos, R.A.H, fol. 201-210 Y 211-241.